Publicado: 19 de Enero de 2018 a las 10:27

¡MUCHO CUIDADO!, todo lo bueno en exceso es contraproducente. No hagas de tu virtud, tu mayor defecto.

Empatizar con los demás, ponernos en los zapatos de otro, y entender cómo puede sentirse a pesar de no estar de acuerdo con su forma de ser, pensar y actuar, es una maravilla que hace que despertemos en nosotros, las ganas de ayudar al que lo necesita y podamos crecer como personas. Pero como todo, hay que saberlo gestionar. La preocupación excesiva por los problemas de los demás nos sobrecarga, nos produce altos niveles de ansiedad y en algunos casos, hasta depresión, llegándonos a aislar y encerrándonos en nosotros mismos, por evitar el contacto social y a su vez, el sufrimiento por empatizar. Por lo tanto, la empatía mal gestionada, puede limitarnos y convertirse en una bofetada hacia nosotros mismos.

Un ejemplo bastante y claro y llamativo, es el de personas maltratadas por sus parejas. Quieren comprender el porqué de su actitud agresiva llegando incluso a comprenderles. De ahí, que cuando quieren alejarse y romper la relación, la parte agresora pide disculpas y éstas personas se ven envueltas en un sentimiento de pena que les hace volver al infierno. Esto es exceso de empatía.

Otro ejemplo son las personas que lloran y sufren viendo el Telediario o leyendo el periódico. Personas que llegan aislarse de este tipo de información porque no pueden soportar tanta desgracia. Esto, es exceso de empatía.

Otro ejemplo: las personas que pierden el apetito, sufren problemas de sueño, empeoran su estado de ánimo mostrándose con más irascibilidad, tristeza o excesiva preocupación que interfiere en su día a día, no por un problema propio, sino por un problema de alguien de su entorno que vive como suyo. Esto es exceso de empatía.

Y es que son muchas las personas que muestran una excesiva sensibilidad frente a todo, tanto en los acontecimientos buenos como en los no tan buenos. Son muchos los que cuando alguien les cuenta un problema, lo viven como si fuera suyo llegando a limitar su vida social para así ahorrar el implicarse tanto desde el plano emocional. En ocasiones, el exceso de empatía hace que podamos tomar unas decisiones de manera irracional, pues nos sentimos embargados  por las emociones de los demás

Algunos consejos:

1. Aprende a gestionar tus emociones y tomar distancia: no se trata de ignorar, simplemente diferenciar lo que te pasa a ti y lo que le pasa a los demás. Lo que estás sintiendo no es tuyo, sino de quien te lo cuenta. Serás mucho más efectivo ayudando al otro viendo el problema desde fuera y no sintiéndolo como propio. “Deja de ocupar un lugar que no es tuyo”. No se trata de darle la espalda a la persona, se trata de no sobrecargarnos de empatía, de no padecer sus problemas en exceso, de comprenderlos y ayudar en la medida real de nuestras posibilidades, pero sin llegar a permitir nunca que nos arrastren con ellos. De nada te sirve sacar a flote a otro si hacerlo supone que te ahogues tú.

2. Nunca utilices la empatía para justificar un mal comportamiento. La violencia verbal o física no se justifica con nada.

3. Utiliza el “soy afortunado” para lograr no disfrazarte del problema de los demás. Repítete constantemente. “Que suerte tengo que eso no me pasó a mí”.

4. No acudas al alcohol o drogas para olvidar. Esa no es la solución, es un problema.

Recuerda, lo importante es ayudarle a solucionar su problema sin convertirlo en tuyo.

Tamara de la Rosa

Twitter e Instagram: @tamarareinventa

Facebook:@reinventatetamara