Publicado: 3 de Julio de 2018 a las 14:48

¿Has soportado situaciones hasta límites que ni siquiera tú imaginabas que podías ser capaz, como por ejemplo altos niveles de estrés o una relación muy desgastante? Si lo has vivido, bienvenido al club. No eres el único y simplemente has sido preso del síndrome de la rana hervida.

Hablar de este síndrome, es hablar de maltrato sutil. Fue Oliver Clerc, escritor francés, quien planteó la fábula de “la rana hervida”, donde explicaba que si sumergimos una rana en una cazuela a 50 ºC, ella misma dará un gran salto con el objetivo de ponerse a salvo. Sin embargo, si la sumergimos en un recipiente de agua y comenzamos a calentar esta poco a poco, la rana irá ajustado su temperatura corporal de manera gradual. Cuando el agua está llegando a su punto de ebullición, la rana ya no puede ajustar más su temperatura y, por lo tanto, intenta saltar. Sin embargo, tristemente, la rana ya no es capaz de hacerlo, pues ha malgastado su fuerza en ajustar su temperatura y ya no goza del ímpetu que le hace falta para escapar. Consecuentemente la rana muere hervida sin hacer nada por salvarse.

En este sentido es habitual ser víctimas del síndrome de la rana hervida en el trabajo, en la familia, con amistades, en relaciones sentimentales. Cuando un cambio se produce de un modo lento, escapa de la conciencia sinprovocar ninguna reacción u oposición. Nos vamos deteriorando emocionalmente de manera lenta y progresiva pasando inadvertido el desgaste brutal al que nos estamos sometiendo. Esta es la razón que no nos opongamos y que incluso, alguna vez nos resulte satisfactorio que nuestro jefe nos exija de manera desproporcionada ya que lo justificamos por la confianza que tiene sobre nosotros. O que nuestra pareja nos necesite en todo momento, o ser demandado en exceso por nuestro círculo social, pero a la larga las exigencias van mermando nuestra capacidad de reacción de respuesta, agotamos nuestras fuerzas en “cumplir” con los demás por lo que no nos queda energía para poner en marcha nuestra habilidad de identificar que realmente no se trata de una relación saludable. “Es normal que me haga esperar una hora”, “es normal trabajar todos los fines de semana” “es normal que me grite si me equivoco…”. Y mientras, nos vamos quemando por dentro. Debemos aprender a identificar cuando nos estamos quemando para decir basta a todo lo que no nos conviene. Pautas:

1. Escucha tu cuerpo: identificar cuando algo te está quemando, a veces resulta difícil si escuchamos solo a la mente ya que, por miedo a la incertidumbre,  tiene facilidad en buscar excusas y resistirse al cambio. Tu cuerpo también habla: dolores de cabeza continuados, malestar en general o agendas imposibles que no te dejan descansar y, por tanto, pensar. Cuando algo de lo anterior sucede, debemos parar, ahorrar fuerzas y agotarla en lo que realmente te conviene.

2. Identifica los beneficios de “quemarte”: Cuando mantenemos una situación que nos hace daño, es porque estamos recibiendo beneficios ocultos. A veces consciente y otras inconscientemente estamos llenando vacíos de lo que nos hace sentir mal. A veces, los beneficios son difíciles de identificar, pero si lo consigues, es un gran paso para librarte de ellos.

3. Pon límites. Márcate “topes”, es decir, límites que no estás dispuesto a tolerar sobrepasarlos. “Como me haga otra vez esto, pongo fin a la relación...”; “como me vuelva a avisar en el último momento, le digo que me es imposible”. Y una vez que lo definas, cúmplelo. De lo contrario el agua seguirá ardiendo y si no reaccionas te acabarás quemando.

4. Determinación.Cuando uno se acostumbra a vivir respirando aire tóxico, olvida lo agradable que es el aire puro y fresco. Esfuérzate en plantearte otro modo de vivir. Por ejemplo: “¿Qué pasaría si trabajara en otro sitio?” A medida que comencemos a barajar otras alternativas, tendremos más fuerza para parar la situación que nos desgasta.

Tamara de la Rosa

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