Todos tenemos un nivel de tolerancia a la frustración. Mientras algunas personas, frente a no conseguir lo que desean, sienten que ya han fracasado y que ningún esfuerzo merece la pena reaccionando con ansiedad, tristeza o enojo, existen otras muchas con capacidad de sobreponerse y que de forma inmediata, estudian la manera de volver a intentarlo para conseguir su fin.

La frustración es el sentimiento que surge cuando nos esforzamos en conseguir un propósito y no lo logramos. El problema no está en la frustración, (mezcla de enfado, impotencia y dolor). El problema está en la actitud que tomamos ante esas emociones justo en ese momento.

Normalmente, cuando cometemos un error nos identificamos con él, y esto mismo es lo que hace disminuir la seguridad en nosotros mismos, cuando lo cierto es que lo que nos define no son nuestros problemas ni fracasos, sino las soluciones que tomamos ante éstos. La baja tolerancia a la frustración aparece porque hacemos una interpretación equivocada y catastrófica sobre lo que nos pasa, y sobre todo, porque no sabemos tolerar el dolor. Tolerar la frustración significa poder enfrentar los problemas que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las incomodidades que nos causan. La frustración forma parte de la vida. Simplemente hay que aprender a gestionarla.

1. El primer paso para aprender a tolerar la frustración sin que llegue a bloquearnos, es aceptar que a lo largo de la vida habrán momentos buenos y otros no tan buenos, donde tendremos que hacer un sobreesfuerzo para seguir avanzando. Desde el momento que aceptemos esta realidad, cuando las circunstancias o resultados de nuestras acciones no sean las deseadas, dejaremos de lado el pensamiento catastrófico, interpretando la situación como un simple mal momento donde debemos permitirnos sentir estas emociones sin dejarnos llevar ni aferrarnos a ellas. No se trata de hacer lo que sentimos en ese momento, sino de saber lo que hacemos con lo que sentimos. Y es ahí donde está la clave de la gestión de emociones. Dejarnos llevar por la frustración en el momento “problema” puede resultar más frustrante, ya que las conductas destructivas que normalmente suelen aparecer si no manejamos el autocontrol, harán que desde la calma nos emborrachemos de vergüenza, culpa y arrepentimiento.

2.Expresa tus emociones. El dolor hay que expresarlo y sacarlo de dentro si no, nos acompañará toda la vida. Es normal sentir tristeza cuando no consigues una ilusión, pero sin ahogarte en la desesperanza y hacer de esto un mono-tema.

3. Recuerda que todo pasa. Incluso el dolor más intenso es pasajero, a no ser que con tu actitud y pensamientos limitantes, lo conviertas en un sentimiento de por vida.

4. No tomes decisiones inmediatas. Tómate tu tiempo. Las mejores decisiones no se toman ni cuando estás en un estado de euforia ni cuando estás enojado. Espera al equilibrio y ahorrarás en arrepentimientos.

5. Re-ilusiónate. Quizás no puedes cambiar lo que pasó, pero si puedes añadir a tu vida cosas nuevas que te agraden y así compensar la balanza de emociones. Siempre podemos hacer algo para sentirnos bien, en lugar de enojarnos en exceso y congelarnos en el lamento.

6. Deja de prestar tanta atención a lo que sientes y enfócate en buscar alternativas. Gastarás la misma energía pero con la segunda opción, lo harás de manera productiva.

7. Elimina la auto-exigencia. Detrás de la frustración, se esconden pensamientos inflexibles tipo “esto tiene que ser así”, “no acierto una”, “esto solo me pasa a mí”. Recuerda siempre el impacto que tiene nuestro diálogo interno sobre nuestras emociones. Si magnificas tus pensamientos, estarás magnificando todo lo que sientes.

8. La frustración es desagradable pero no te destruye. No siempre vas a alcanzar lo que te propongas y debes aprender a manejarla.

9. Si tienes un problema que no puedes resolver dale otra orientación. No olvides que siempre existirán problemas pero, también las soluciones. Aceptar lo que no depende de ti y continuar hacia adelante a pesar del dolor, también es una solución.

Tamara de la Rosa

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