Me resulta raro imaginar que exista quien no se haya sentido decepcionado alguna vez. Un amor, una amistad, un familiar tal vez… Que duro resulta cuando te das cuenta que cierta persona a la que entregas tu confianza, tu lealtad, tu tiempo, tu dedicación, en fin… una persona que crees que es de una manera y de repente te llevas una cachetada de realidad y te das cuenta que nada era como imaginabas. Te sientes una persona engañada, triste, vacía, vacilada, ridícula. Sientes rabia, enfado, ira. Pasan los días y te cuesta creerlo. Que dolorosa puede resultar una decepción.

Yo, como la mayoría de ustedes (imagino), he vivido diferentes tipos de decepciones. De amistades, sentimentales y gracias a dios, de familia de momento ninguna. Tengo la suerte de tener UNA GRAN FAMILIA (una carta que tengo pendiente ya que la familia tiene un papel importantísimo en quienes somos)

Pues hoy mi carta es para todos y todas las personas por las que, de alguna manera u otra, lo he pasado mal. Es verdad, que a veces lo pasamos mal por decisiones de otras personas, pero no siempre tienen culpa, por ejemplo el desamor. Si alguien se desenamora, esa persona no tiene culpa. Si se acabó el amor, se acabó y aunque duela, no hay culpables. Si alguien comete un error sin mala intención e intenta reparar el daño, duele pero todos en algún momento nos equivocamos. Me refiero a esas personas que engañan, que abusan de tu confianza, que te venden ser de una manera que no son, o a esas personas que, aunque fuera por la inmadurez de la edad, te hacen daño con actitudes bastante crueles que nunca rectifican y de las que por supuesto, nunca se disculpan. A esas personas va dirigida mi carta de hoy...

QUERIDA DECEPCIÓN DE PERSONA... hoy mi carta va dirigida ti porque, aunque te parezca mentira, me has hecho más fuerte y ayudado a crecer.

Fíjate como es la vida que vuelvo a hacerte protagonista de mi historia por unos minutos mientras te escribo. Estoy escribiendo en singular cuando en realidad tendría que hacerlo en plural. 40 años dan para decepciones varias ja ja ja. ¿Leerás esta carta? ¿Te sentirás identificado/a? Eyyyy… mantén la calma. En ningún momento te voy a nombrar. Ya por fin puedo dirigirme a ti desde muy lejos del rencor. Más bien hablo desde la indiferencia y desde la satisfacción de poder mirar atrás, recordar los momentos que viví contigo sin que mi estómago se haga un nudo, ni mis músculos se tensen por la rabia. Ya no eres una espinita clavada en el alma. Ya solo eres “alguien” que me enseñó una lección.

Con el tiempo me he dado cuenta que no fuiste tú quien me decepcionó. Fueron las expectativas que yo me creé sobre ti. Por lo visto esperaba mucho y no estuviste a la altura. Pero bueno, no sé si es la edad o que estoy ñoña, pero también me enseñaste muchas cosas.

Me enseñaste a ser precavida y no dejarme llevar tan solo por palabras… Ahora sé que lo que nos define no es lo que decimos, sino lo que hacemos y como lo hacemos. Definitivamente, el movimiento se demuestra andando.

Me enseñaste que no hay que aferrarse a nada ni a nadie, porque sería como arrastrar con un lastre. Fuiste tan perjudicial para mí, que me impediste avanzar durante mucho tiempo. Ahora, eso mismo, "el tiempo",  cuido mucho donde y con quien lo agoto. Día que va, día que no vuelve y ¿mi tiempo?, Mi tiempo es oro.

Me enseñaste a recordar lo positivo. Durante mucho tiempo, cada vez que te veía me quedaba rumiando un pensamiento bastante destructivo. No para ti, que ni te enterabas. Sino para mí que me enfermaba por dentro. Sé que el pasado no lo podré cambiar jamás, pero aprendí a cambiar su significado. Ahora he logrado verte sin rabia. Tampoco te veo con cariño, no te voy a engañar. Simplemente te veo y sigo. En algunos casos me paro a saludar, en otros simplemente sigo.

Me enseñaste a vivir un duelo, a vivir un adiós y a convivir con emociones incómodas. Ahora sé que nadie muere por nadie, y que las despedidas, a pesar del dolor que supone, con actitud y tiempo se superan.

Me enseñaste que las personas vienen y van, y que de vez en cuando debemos hacer una limpieza para tirar lo podrido y tener espacio para lo fresco. Ahora sé lo importante que es saber tomar decisiones. Ahora sé que caminar con peso se puede, pero que si me libero de carga, conseguiré avanzar más rápido, más ligera y más cómoda.

Me enseñaste a no mendigar ni amistad ni amor. Ahora sé que lo importante que es respetarse a uno mismo.

Me enseñaste que no puedes darle a alguien algo que no quiere recibir. Te permitiste el lujo de dejármelo demasiado claro; tanto como lo importante que es saber lo que es malo en tu vida y te está consumiendo.

Me enseñaste TODO LO QUE MEREZCO. Esta es la lección que más te agradezco. Ahora sé que a pesar de mis millones de defectos, merezco que me traten con respeto, merezco recibir en la misma medida de lo que doy, merezco que me acepten, que no traten de cambiarme, merezco no sentirme juzgada, merezco pensar, hacer, reir, bailar, cantar, moverme, hablar, saltar, caminar, como me dé realmente la gana, merezco poder decir lo que me hace daño (con asertividad), merezco rodearme de buena gente, merezco que me quieran bien… MEREZCO VIVIR SIN RENCOR

Ya lo dijo en su momento Catherine Ponder “Cuando mantienes tu resentimiento hacia otra persona, estás amarrado a esa persona o a esa situación, por un vínculo emocional que es más fuerte que el acero. Perdonar es la única forma de disolver ese vínculo y lograr la libertad”

Firmado:

Tamara de la Rosa

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Publicado: 18 de Octubre de 2017 a las 10:02