De forma natural, las personas tendemos a posponer tareas que nos resultan molestas, aburridas, las que nos generan miedo, inseguridad, dolor, ansiedad, tristeza. El hecho en si no es patológico. Todos, alguna vez, hemos dejado algo para más adelante por simple pereza.

El problema aparece cuando la tarea en cuestión la aplazamos una y otra vez hasta el día antes de la fecha o hasta el momento límite. Esto lleva a un nivel importante de angustia y culpabilidad asociadas.

Aunque no nos damos cuenta, procrastinar (dejar para otro momento lo que teníamos pensado empezar a hacer hoy) es algo bastante habitual en casi todos. Aplazar una conversación pendiente con tu jefe, posponer el día que te has propuesto en empezar a ir al gimnasio, dejar de fumar, limpiar la casa, ponerte a dieta, hacer limpia de armarios, llevar el coche al taller...  Aplazamos aquellas tareas que nos resultan aburridas o poco gratificantes. Sabemos que tendremos que realizarlas pero esperamos que por arte de magia lleguen las ganas, y mientras nos inventamos cualquier excusa para auto-convencernos de que no es el momento adecuado para hacerlo. “Ahora estoy pasando por un mal momento”, “no tengo tiempo” “es que desde fuera parece  todo mucho  más fácil” o simplemente, la famosa frase “no tengo fuerza de voluntad”.

Procrastinar a corto plazo produce un alivio y cierta sensación de bienestar pero, a medio plazo, aumenta el malestar por no habernos enfrentado al problema, o por saber que la tarea sigue estando pendiente. Se genera la lucha interna con nosotros mismos entre lo que queríamos haber hecho y lo que hemos aplazado una vez más, apareciendo así la culpa y la decepción con nosotros mismos. Lo cierto es, que la procrastinación es un asesino de oportunidades . No existe nada más agotador que una tarea incompleta.

También es verdad que  hacer hoy todo lo que puedas y no dejar nada para mañana puede generar estrés y resultar una exigencia en muchos casos innecesaria. Desde luego las diferentes causas que favorecen procrastinar tienen soluciones específicas, pero todas tendrán varios puntos en común:

1-Buscar motivaciones mayores y hacer por reducir inconvenientes para hacer frente a las tareas propuestas. Tenemos que conocer los frenos que nos impiden hacer lo que creemos que es necesario. Esto nos permitirá poder modificarlos.

2- Nos será muy útil diferenciar entre tareas importantes/no importantes y urgentes/no urgentes

3- Dividir la tarea en partes mas pequeñas hará que nos de menos pereza comenzar.

4- Acabar con las distracciones que podamos tener al alcance. Olvida el movil por un momento. Cuando antes empieces y menos te distraigas, antes acabas.

5- Planificar las tareas para aprovechar al máximo el tiempo en el que somos más productivos (mañana o tarde) Además, al planificar tareas estarás ayudando a tu cerebro a saber exactamente lo que tiene que hacer y te resultará todo más sencillo.

6- No te machaques con la culpa. En tu memoria habitan mil y un refranes, fruto de la tradición y ese deporte nacional de aconsejar al otro a ver la paja en el ojo ajeno “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” “mas vale al paso andar que correr y tropieza”  La lista de refranes es larga y es que no eres el primero en procrastinar.

7- Deja de esperar el momento perfecto. Toma el momento y hazlo perfecto. Decir “lo hago mas tarde”, normalmente se convierte en “no hacerlo nunca”. Busca estrategias, si no las encuentras pide ayuda, pero no lo demores mas.

El tiempo es vida por lo tanto, saberlo gestionar, es saber vivir. Recuerda que hay cosas que pasan solas, y otras que hay que hacer que pasen.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 2 de Mayo de 2018 a las 13:57