No sé si habrás observado que somos como árboles.

Desde que nacemos vamos creciendo poco a poco, cada día. En un principio nuestras raíces no son muy fuertes. Vamos desarrollándolas con el tiempo. Al igual que los árboles debemos cuidar nuestra alimentación ya que necesitamos estar fuertes y sanos para soportar tormentas, vientos, o épocas de sequía. Pero para el ser humano la peor tormenta no es la meteorológica, sino la que se crea en su propia cabeza. Por este motivo no solo debemos estar fuertes y sanos físicamente, sino también mentalmente. Lo que en psicología llamamos fortaleza mental. ¿Para qué? Para lograr que lo que sucede en el exterior, en nuestro entorno, desestabilice lo menos posible a nuestro interior.

Comienza el otoño y empezamos a observar cambios en el paisaje. Días grises que, para muchos, suelen disparar sentimientos de nostalgia, tristeza y melancolía. Los árboles empiezan a desprenderse de sus hojas viejas, hojas que no sirven, hojas que de no caer ocuparían un espacio que no permitiría el nacimiento de otras nuevas y con color. Al comenzar esta estación, la mayoría de nosotros decimos adiós a las vacaciones, adiós a horario de verano, adiós al buen tiempo. Una caída de hojas en toda regla para incorporarnos de nuevo a la rutina. Pero no solo en otoño nos desprendemos de hojas. La pérdida de seres queridos, rupturas sentimentales, decepciones con amistades, pérdidas laborales, el paso del tiempo, el cambio de niño a la pubertad, a la adolescencia, la incorporación al campo laboral etcétera. Continuamente vamos dejando atrás parte de nosotros. Pero para que tras cada caída exista un verdadero florecer y se produzca un cambio a mejor, debemos trabajar nuestro interior logrando así evolucionar de manera satisfactoria

1. Cualquier época del año es perfecta para empezar un cambio si algo nos insatisface ¿por qué esperar hasta Enero para hacerlo? Cuando se acerca la primavera, comienzan los días más largos, comienza el buen tiempo, guardamos los abrigos, las botas y empezamos con un cambio externo. Cuidamos más nuestro físico ya que lo mostramos más. Aprovecha el comienzo del otoño para hacer un cambio interno. Comienza con una limpia de todas las hojas secas que están ocupando espacio impidiendo nacer otras nuevas. Comienza a despojarte de todas esas personas, situaciones o características tuyas que te condicionan e insatisfacen como son los miedos, inseguridades, la dependencia, la rabia, la apatía y así poder hacer que florezca la confianza, la alegría, la libertad emocional, la ilusión, el entusiasmo. “Si no te hace feliz, entonces ¿para qué?”

2. El otoño no sólo es la estación de la caída de la hoja, también es el principio del renacer. Tú decides la interpretación que prefieres darle y recuerda, dependiendo de la interpretación que hagas sobre todo lo que te sucede, aparecerán unas emociones que te inspiren al cambio o bien, unas emociones que te anclen en el lugar donde realmente no quieres estar. Decir adiós supone un malestar porque normalmente nos despedimos de una parte de nuestra historia, pero es mejor sufrir un tiempo que toda una vida. Debemos de aceptar que existirán momentos en nuestra vida donde tendremos que convivir con el dolor para luego poder disfrutar  y “renacer” de nuevo.

3. Cambia el significado: Quizás el color gris no sea de tu agrado y prefieras ver árboles cargados de hojas verdes, pero eso no significa que los días menos iluminados y unos árboles desnudos sean malos. Tan solo es un paisaje diferente. Todas las estaciones del año tienen su encanto. Solo tienes que tener predisposición para observarlo,y el otoño es una gran época para un cambio.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 11 de Septiembre de 2018 a las 07:23