Mantenemos limpia la casa por higiene, nos duchamos a diario por higiene, gastamos luz en lavadoras por higiene, normas básicas como asearse las manos después de ir al baño, antes de comer, y lavarse los dientes tras las comidas por higiene. ¿Y que hacemos por la higiene mental?

No hay nada más cierto, que aprender a relativizar es invertir en salud mental. Es una realidad que el dolor forma parte de la vida y que, hagamos lo que hagamos, en más de una ocasión vamos a tener a esta emoción como acompañante de viaje. Y es que es cierto que para que haya una buena convivencia, debemos aceptar a nuestro compañero y dejar de luchar contra él. Desde que asumamos que esto es así, nos guste o no, y que no podemos hacer nada por evitarlo, nuestra convivencia con el dolor no será tan intensa, y nos resultará más sencillo normalizar como nos sentimos.

Pero no solo se trata de aceptar que el dolor forma parte de la vida para sobrellevar de mejor manera los momentos difíciles, sino que debemos de pisar el freno y dejar de crear montañas donde solo existen granos de arena. Es importante tener presente que lo que nos dicen o lo que nos sucede no es lo que nos daña, sino la interpretación que hacemos de eso que nos sucede. Un pensamiento desproporcionado da lugar a emociones también desproporcionadas. El peligro de adquirir este hábito de pensamiento, es llegar a convertirte en una persona que ve problemas incluso donde solo hay soluciones. Se trata de personas que conviven con el dolor, ya no solo por la parte de la vida que no depende de ellos, sino además por lo que está bajo su control. Hay situaciones que no podemos evitar como son el fallecimiento de un familiar, decepciones, las enfermedades (puedes disminuir la probabilidad de aparición pero nunca tienes la garantía de que no te vaya ocurrir), etcétera. Pero hay otras situaciones donde el único problema que existe está en la interpretación que estamos haciendo de ellas.

1. Recuerda que la emoción siempre aparece después de un pensamiento. La clave está en no dejarte llevar por la emoción de manera automática, sino comprobar si la intensidad de esa emoción corresponde con lo que realmente está sucediendo. Es cierto que hay determinadas situaciones, objetivamente muy duras de sobrellevar, por las que nos sentimos sumamente abatidos, sin embargo, hay otras situaciones que son más triviales pero que magnificamos con pensamientos catastrofistas. Cuestiona tu pensamiento. ¿Realmente esto es un problema? ¿Qué es lo peor que me puede pasar? ¿Tiene solución? Si tiene solución ¿para qué preocuparme en lugar de ocuparme?, si no la tiene ¿por qué me preocupo y no acepto? ¿Es tan grave lo que acaba de pasar como para interferir en mi estabilidad emocional y torcer mi día?

2. Asume que no puedes controlar el 100 x 100 de las cosas que te suceden pero siempre vas a poder controlar la interpretación que le das y la actitud que tomas para afrontarlo.

3. Si lo que te ocurre solo va a generarte un pequeño malestar momentáneo, no lo empeores con un diálogo interno saboteador. Es importante ser una persona responsable, pero también es muy importante reírse de uno mismo y de lo que nos sucede. Si nada mas salir de casa se nos mancha la camisa, cogemos un atasco y encima cuando llegamos al trabajo, nos damos cuenta que nos hemos olvidado de coger algo que necesitábamos, tenemos dos opciones. La primera utilizar un pensamiento destructivo con el que conseguiremos que aparezca la ansiedad y la ira que seguramente condicionará el resto del día. Y la segunda opción es respirar hondo, reírte de ti mismo y preguntarte ¿qué más me va a pasar hoy? Con ninguna de las dos opciones vas a poder dar marcha atrás a lo que ya ha pasado, pero la actitud que tomes te va a ayudar a conseguir encontrar soluciones con mayor rapidez y además no permitir que cualquier cosa interfiera en tu estado de ánimo.

4.

No pierdas tu tiempo ni salud emocional por nimiedades.

No te atormentes por pequeños problemas de tu vida diaria. Coger un atasco, llegar tarde, que se te averíe el coche, etcétera, son situaciones que lógicamente molestan y enfadan pero, ¿conseguimos algo boicoteándonos y maltratándonos verbalmente? Pues sí. Simplemente sentirnos peor.   Relativiza.

No vale la pena perder salud por situaciones que al fin y al cabo, no se le pueden llamar problemas.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 17 de Enero de 2018 a las 14:25