Publicado: 27 de Julio de 2018 a las 09:36

Ayer jueves murió la madre de una amiga, o mejor dicho, una gran amiga. Alguien a quien conozco de siempre, alguien con la que en muchas épocas de mi vida he sido uña y carne. Épocas unidas, épocas separadas, pero mi amiga es la típica persona con la que da igual lo años que pasen sin sentarnos a hablar con calma porque cuando lo hacemos, es como si no hubiera pasado el tiempo.

Como les decía, es una amiga desde la niñez por lo que nuestros padres se conocían entre ellos, y tanto mi amiga y yo conocíamos perfectamente a los padres de cada una.

Ayer, desde el momento que me enteré de la noticia, de manera automática me empezaron a saltar en la cabeza miles de recuerdos donde estaba su madre. Una persona joven, coqueta donde las hubiera. Una persona que no se callaba ni debajo del agua y con un sentido de humor un tanto irónico que nos hacía tantísimo reír. Esa mujer que aguantaba que un grupo de 5 jovencitas todos los domingos ocuparan los sofás de su casa después de haber salido la noche anterior. 5 jovencitas que le arrasaban la nevera y ella encantada de que lo hiciésemos. La verdad, es que siempre se lo decíamos a mi amiga: “tienes una madre cojonuda”.Se tragó momentos nuestros de inmensa alegría, momentos de tristeza en donde nos hacía ver su punto de vista. Una maravillosísima persona que ayer, desde la calma, decidió hacer su último viaje.

Mi primera reflexión es el papel que tienen las madres de nuestras amistades cuando somos pequeñosy la de cantidad de recuerdos que ocupan, claro está, todo depende del grado de implicación que como madre o padre quieras tener con los amigos de tus hijos. Malli era muy inteligente. Lo hacía primero que nada porque el roce hace el cariño y compartimos muchos momentos, pero sobre todo lo hacía para tener “un control disfrazado” de con quienes pasaban el tiempo sus hijos y de lo que hacían. Un bravo por ella porque lo hizo genial.

Mi segunda reflexión apareció cuando llegué al Tanatorio de Santa Lastenia. Allí me vi con amigas que han formado parte de etapas muy importantes de mi vida, con las que juntas, mantenemos un hilo de comunicación esporádico a través de un grupo de whatsapp al que llamamos “Viejos tiempos”. Son esos momentos en los que te paras a pensar y te dices: “que triste que, con lo que nos apetece a todas hacer algo juntas, tengamos que vernos después de tanto tiempo en una situación como esta.” A veces nos olvidamos que no vamos a estar siempre, y que el tiempo pasa. Ayer ya quedó pendiente, una cenita todas juntas dentro de muy pronto. ¡Todo es ponerse!

Mi tercera reflexión: vamos creciendo, y cada vez serán más las visitas al tanatorio que no podremos evitar por la cercanía que nos une a esa persona. Cada vez que salgo del tanatorio no puedo evitar preguntarme ¿Y la próxima vez que venga, por quien será? Eso a su vez, me recuerda que me tengo que centrar más en lo que ahora tengo. Disfrutar, compartir momentos, sacarme millones de fotos con los míos, evitar discusiones por nimiedades y aunque soy de las que expreso mis emociones, expresarlas todavía más. Expresar lo agradecida que estoy, lo feliz que soy gracias a mis pilares, la tranquilidad que me hacen sentir por tenerlos.

Estamos y de repente, ya no estamos. Duro, muy duro, pero una realidad que nos va a pasar a todos.

Ayer una de esas amigas a las que vi en el Tanatorio, me comentaba el vacío tan grande que sentía desde hace un mes cuando se le fue su padre. Un vacío desgarrador me comentaba.“Tama, hay veces que lo he ido a llamar por teléfono”  Es totalmente normal, días mejores, días que creer que no puedes con ese vacío, días de no entender, de enfado, ira, frustración… todas estas emociones son normalísimas dentro del proceso que supone un duelo. De hecho, el vacío no va a desaparecer si la persona que marchó es muy cercana a nosotros, pero si podemos aprender a ser felices con ese vacío que ya forma parte de uno.

Una estrellita más en el cielo.

Y desde aquí un beso enorme para mi amiga y su grandísima familia. Aunque ya no esté, siempre estará.

Tamara de la Rosa.