Con bastante frecuencia acuden a consulta personas devastadas emocionalmente tras una ruptura sentimental. Hay quienes acuden para adquirir las herramientas necesarias para superar la situación, para tener una opinión objetiva del momento que están viviendo y quienes acuden con la intención de tomar estrategias para recuperar a esa persona que se alejó.

Dejar una relación no es nada sencillo, pero cuando a uno le toca asumir el papel de “abandonado”, la situación emocional, muchas veces, es más complicada. De repente, aparece un huracán de emociones. La frustración por no entender, la culpa, la rabia, los celos. Incluso cuando la relación llevaba tiempo sin funcionar y eras plenamente consciente de ello, te sientes molesto/a si es tu pareja quien toma la decisión. ¿Por qué siento todo esto si llevaba tiempo pensando en romper la relación? Pues sencillamente porque somos humanos y nos ha tocado el ego.

Lo cierto es que cuando “nos dejan”, tomamos el rol de víctimas, intentamos confirmar que no merecemos el amor y por lo general, terminamos autocastigándonos:  “si a quien amo no me quiere, es que no estoy a la altura”. Este tipo de diálogo trae consigo unas consecuencias nefastas. Se trata de un pensamiento limitante que lo único que consigue es que te ancles en el dolor.

1. Autocastigo motivacional: “no me sale nada bien por lo que elimino de mi vida todo lo que me da placer”.

2. Autocastigo afectivo: “Cuando me empiezo a implicar emocionalmente, hago que se aleje de mi”.

3. Autocastigo moral: Buscar sustituto/: Como dice el refrán, “un clavito saca otro clavito”. Esto no es del todo cierto. Estarías solo cubriendo un vacío y en el caso que vuelvas a vivir un desengaño sentimental, lo interpretarás como la confirmación de ser culpable del no funcionamiento de tus relaciones.

¿Y ahora qué?

1. Lo primero que debes entender es que, generalmente, toda ruptura sentimental lleva consigo dolor. Con una ruptura vivimos una pérdida y toda pérdida va acompañada de un periodo de duelo. Da igual si eres fuerte o débil mentalmente. El dolor durante este periodo es un sentimiento normal por el que pasamos absolutamente todos. Debes permitírtelo.

2. Lo que depende de cada uno es la duración de este periodo y la intensidad de las emociones durante el mismo. Identifica todo pensamiento limitante y sustitúyelo por otro saludable. Se ha demostrado que los pensamientos forzados de manera repetida y con convicción, influyen de igual manera sobre nuestras emociones. “Si dejó de amarte ¿No será mejor pensar que mereces compartir tu vida con quien te ama de la misma manera que tú?”, “Si tiene dudas, ¿no será mejor alejarte tú hasta que ordene sus ideas y emociones?” Muchas veces insistimos en resolver lo que ya está resuelto.

3. Contacto cero: Ahora mismo tienes una herida abierta y para que cicatrice, debes dejar de tocarla. Elimina a esa persona de las redes, la historia de whatsapp y pídele a tu entorno que no te recuerden a esa persona. Cualquier contacto físico o visual, es como si estuvieras metiendo el dedo en la herida. ¡Ojo!, porque no solo no cicatriza, sino que puede infectarse.

Todos somos capaces de recuperarnos del fracaso afectivo. Al principio duele hasta el alma, pero al cabo de un tiempo, si eliminamos el autocastigo, la mente empieza reponerse.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 2 de Abril de 2018 a las 12:51