Publicado: 1 de Junio de 2018 a las 12:54

A raíz del post que publiqué en mi página de facebook “@reinventatetamara”, recibí varios privados preguntándome sobre que estrategias utilicé cuando dejé de fumar.

La realidad es que me costó mucho tomar la decisión de abandonar el tabaco a pesar de tener antecedentes familiares de cáncer de pulmón.

Cuando en consulta trabajo alcanzar objetivos seguimos unos pasos, y estos fueron los míos:

1. Comunicarlo a  nuestro entorno. Parece que es una bobería pero nos puede servir de mucha ayuda. Si tu entorno sabe que vas a dejar de fumar, ponerte a dieta o introducir cualquier hábito que te vaya a suponer un esfuerzo, seguramente te va a facilitar que lo consigas. Y por otro lado, ayuda a evitar recaídas ya que si un día decides saltarte tu objetivo, como sabes que el resto lo sabe, por no escuchar los típicos consejos que en ese momento no quieres oír, aumenta la probabilidad que te reprimas y seguramente darás tiempo a que la emoción se calme. Habrás conseguido ganar un día más. Yo se lo conté hasta al del bar de debajo de mi casa donde solía comprarme el tabaco.

2. Definimos bien nuestro objetivo. Yo lo tenía bastante claro: “quería dejar de depender de una sustancia que cabía la posibilidad que me estuviera matando por dentro”. El objetivo (sea el que sea), lo debemos escribir y ponerlo a la vista para recordárselo a la mente en los momentos críticos. Está demostrado la mente adquiere mayor compromiso con todo lo que recoge por escrito. Yo lo colgué en la cocina, ya que es la zona de la casa donde fumaba. Si algún día el diablito ganaba la batalla, acabaría ahí de cabeza.

3. Anotar, junto a nuestro objetivo bien definido, los motivos por los que te comprometes contigo mismo a hacer ese esfuerzo. Puede que en determinado momento te sientas preparado, convencido y con la suficiente fuerza como para despedirte de esta adicción, pero no siempre la mantenemos. Por esta razón es recomendable, tener a la vista los motivos de peso por lo que un día tomamos la decisión. ESTO ME COSTÓ MUCHÍSIMO. Debo decir que a mí me encantaba fumar. No me molestaba el humo y sabía que lo debía dejar porque era malo para la salud y tenía papeletas para que me tocara el gordo, pero vamos… disfrutaba de un cigarro. Por una operación que tuve durante esa época, me habían hecho una placa y tenía los pulmones limpitos. Fíjense que irracionalidad la mía que cuando me dieron el resultado, salí de la cínica y en lugar de decir “los tengo limpitos, aprovecho y lo dejo”, mi diablito me tumbó y ganó la batalla con un: bah!! Los tengo limpitos lo voy a celebrar disfrutando de un piti”.Buscar razones de peso que a mí en un momento de recaída me ayudaran a mantener la decisión ¡me costó la vida! Yo ya había dejado de fumar y nunca noté motivaciones que encuentran otros como que mejoras el gusto y el olfato, mejora tu piel, mejora tu capacidad pulmonar y de aguante… El pensamiento de: “esto me puede matar”, me motivaba a ratos. Cuando estaba con el mono me auto-engañaba. HASTA QUE LLEGÓ EL DÍA. Una tarde me fui a fumar un cigarro y Javi (mi hijo) con 6 añitos en ese entonces, me dijo “te vas a morir y me vas a dejar sin mami”. Nunca olvidaré la cara con la que me lo dijo. Me llegó al alma. En ese momento, juntos rompimos la caja de cigarros y le prometí que no volvería a fumar. Encima, en esa época tenía una operación y una tía mía, me empezó a asustar y a contar mentiras que me creí sin dudar un segundo sobre la anestesia general y el tabaco. El día que me enteré que era mentira casi el mato ja ja ja…

Pues en mi cartel con el objetivo bien definido, anoté la lista de motivos para dejar de fumar, y puse el 1º de todos en mayúscula y en rojo: “JAVI TE NECESITA VIVA”. No se imaginan como me ayudó a dar la vuelta las 3 veces que el diablito me incitó. Tomar la decisión ya lo había hecho. Ahora venía lo difícil. ¡Mantenerme!

4. Marcar el día de inicio del cambio y actividades a introducir (para sustituir el mono) y hábitos que eliminar. Yo también lo tenía muy claro. Quería que fuera de golpe, nada progresivo. Cerré la puerta del balcón de mi consulta con llave y la dejé en mi casa. Sabía que alongada a la ventana no me iba a poner a fumar y que por simple pereza no iba a bajar al estanco de abajo y fumarme un cigarro en el portal como si estuviera castigada. Me empecé a comprar caramelos halls de menta (me ayudaba a que se me fueran las ganas de ese piti que estaba acostumbrada a fumarme a determinada horas del día, y caramelos sin azúcar para sustituir. A la vez empecé a hacer más ejercicio y a sustituir la cocacola que la tenía totalmente asociada con el tabaco, por nestea. Me compre una cuerda en decatlón y una pera de boxeo. ¿Para qué? Porque sabía que los momentos de ansiedad iban a aparecer y gestionándolos con algún ejercicio de descarga donde el corazón se me acelerara, me llenaría el cuerpo de endorfinas y me ayudaría a calmar esa emoción momentáneamente dándome tiempo para pensar de manera racional recordándome MI GRAN MOTIVO. La pera la compré en realidad para esto y porque sabía que le iba a sacar partido con Javi para gestión de emociones como la rabia y frustración. O quizás fue una excusa que me puse porque la verdad que siempre me había hecho ilusión tener una ja ja ja ja… Bueno, no me desvío.

Hubieron momentos de comba y pera que nadie se lo imagina. Malhumor e irascibilidad, subí 4 kilos de peso, pero con mis estrategias hechas a medida, fueron pasando los días y ahora hace dos años que dejé de fumar. Recuperé mi peso y mis antiguos hábitos sin la apetencia de encender el cigarro de turno. Ojito, me siguen viniendo los momentos de “ahora me fumaría un cigarrito”, pero no va más allá de un pensamiento.

Tamara de la Rosa

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