Hoy muchísimas mujeres recibiremos por parte de nuestras familias tarjetas, manualidades de los más pequeños, o flores como símbolo de aprecio. La mayoría nos reuniremos para almorzar en familia y así celebrar un día especial. El día de la madre

Es cierto que como en todo hay excepciones, pero por lo general si hay un amor que podamos llamar verdadero, es el amor sincero de unos padres. Un amor incondicional que solo eres capaz de entender cuando lo eres. Pero hoy, vamos a hablar de las madres y sus “mágicos poderes”.

La mayoría recordamos discusiones o desencuentros con ellas, sobre todo los que hemos vivido la etapa de la adolescencia con algo de rebeldía. Todos, seguramente, nos habremos preguntado alguna vez cómo hacía para enterarse de absolutamente todo. ¡No se le escapaba una! Pero es que además ocurría todo lo que decía que iba a pasar. ¡Era como tener una vidente en casa! Numerosas veces las que repetimos la mítica frase: “mira que me lo dijo mi madre”, y numerosas veces las que escuchamos: “si me hubieras hecho caso”

Cuanta frustración y enfrentamientos por tanta norma y tanto límite que se nos hacía tan difícil entender. Queríamos ser mayores y no nos dejaban. Queríamos libertad, pero siempre cuando rozábamos lo mejor, ¡Zass!, tiraban de la cuerda y nos hacían volver a nuestro sitio. “¡Que ganas de ser mayor y hacer lo que nos diera la gana!”. Y las vueltas que da la vida que nos vamos haciendo mayores, nos vamos haciendo madres, y es entonces cuando agradecemos todas esas normas, esas frenadas en seco, discusiones y castigos. Gracias a estas madres, somos muchos los que hemos tenido la suerte de emborracharnos en valores y principios de los que nos enorgullecemos y que son los que nos mueven a día de hoy.

Ahora muchas entendemos “El poder de mamá”. Ese sexto sentido que desarrollamos y que tan sólo con mirar a tu hijo puedes intuir, y la mayoría de las veces acertar, si hay algo que no va del todo bien. Y es que el amor de una “buena” madre no es cualquier amor. Es un amor incondicional, que te apoyará cuando todo el mundo deje de hacerlo. Un amor que resistirá la tormenta por muy fuerte que sea, donde te agarrará la mano para atravesar juntos ese mal momento. Mirará por ti antes que  por ella misma, y es que es un amor a prueba de bomba.

Ser madre no significa sonreír siempre, sino también llorar a mares. Requiere muchas noches de insomnio, y no solo en el periodo de lactancia. Significa no volver a tener la mente en blanco e instaurar una preocupación mental para el resto de tu vida. Cuando son pequeños porque dependen de ti, y cuando son mayores porque ya no dependen. Es una hipoteca donde la paciencia, la constancia, la disciplina, practicar con ejemplo y la perseverancia, son cláusulas innegociables si queremos educar en valores, principios e igualdad.

Felicidades a todas esas madres porque lo cierto es que ser madre no es sencillo. Educar a nuestros hijos de manera correcta, (que no significa perfecta), es con toda seguridad el trabajo con mayor responsabilidad que vayamos a tener en la vida. Educar en cariño, respeto y valores. Educar para que defiendan sus principios y sus ideas. Educar en empatía e igualdad. Educar para que siempre luchen por el éxito sin olvidar la posibilidad de fracaso. Pero sobre todo, educar no para ser perfectos, sino para ser felices.

“GRACIAS Y FELICIDADES MAMÁ”

Tamara de la Rosa

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Publicado: 4 de Mayo de 2018 a las 16:36