Publicado: 25 de Septiembre de 2018 a las 08:19

La gran mayoría de las personas exigimos sinceridad en nuestras relaciones interpersonales pero, ¿cuántos problemas, en algún momento de nuestra vida, nos ha ocasionado serlo? Lo cierto es que no es necesario decir siempre lo que pensamos, principalmente porque ninguno de nosotros tenemos la verdad absoluta.

En la actualidad parece una moda alardear de frases como: “digo lo que pienso”, “soy claro, directo y trasparente”, y es cierto que es positivo y aconsejable para nuestro bienestar emocional decir y actuar en función de nuestras creencias, principios, valores e ideas pero, ¿es siempre necesario? Ignoramos, en muchas ocasiones, el peso que pueden llegar a tener las palabras, y es que a la hora de ser sinceros hemos de tener en cuenta la tolerancia, el respeto, la discreción, la prudencia y valorar “si es necesario” y el momento adecuado. De nada sirve que seas una persona sincera, si te faltan otros valores ¿Realmente, siempre que has sido sincero ocasionando malestar en la otra persona, por mínimo que sea, ha sido necesario? En ocasiones decir la verdad, puede ser contraproducente. La sinceridad es buena cuando las consecuencias son positivas para la persona que emite la conducta y para su entorno, de lo contrario, es un sin sentido.

1. No debemos defender la mentira. Se trata de decir la verdad, pero de tal modo que la otra persona pueda digerirla emocionalmente y asumirla racionalmente. Recuerda que no solo es lo que se dice, sino como se dice.

2. Valora si realmente es necesario decir lo que realmente piensas. Estar en medio de un evento y decirle a tu amiga que va hecha un trapo, (aunque sea ella la que te pregunte), ¿estarías ayudándola? No, seguramente el único resultado de tu sinceridad sería ahogarle la fiesta. Ser siempre transparentes y honestos puede ser un arma que puede lastimar. Valóralo.

3. Incluso a la hora de hacer una crítica cuando algo nos genera malestar, podemos hacerla de manera que no sea destructiva. Hacer críticas constructivas es una habilidad social y como todas las habilidades, se puede entrenar y aprender a hacerla. De esta manera, estaremos defendiendo nuestras ideas, actuando en función de nuestros principios y poniendo fin a determinadas situaciones o actitudes que nos generan malestar sin que se vea deteriorada la relación que podamos tener con otros.

4. De la misma manera que debemos aprender a hacer críticas constructivas, debemos aprender a aceptar críticas deportivamente. Exigimos sinceridad pero, con frecuencia, cuando las recibimos, nos sentimos atacados y nos mostramos molestos. ¿Quién no ha recibido alguna vez una verdad a medias o se ha sentido defraudado por una mentira? Muchas veces habrá sido por falta de sinceridad por parte de la otra persona pero otras tantas, habrá sido por tú reacción ante estas. Es totalmente respetable no querer saber o ponerte una venda en los ojos, pero si exiges sinceridad, aprende a aceptar lo que escuchas. Sólo te están dando lo que pides.

5. Cuando hablamos de sinceridad como virtud, hemos de tener en cuenta al otro. Es necesario valorar como va a recibir la otra persona nuestro mensaje. Practiquemos la empatía.

Si lo que tenemos que decir no es más bonito y productivo que el silencio, la mejor opción es no decir nada.

Tamara de la Rosa

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