Todos buscamos la felicidad y sin embargo no todos conseguimos alcanzarla. Numerosas personas, se resignan a no serlo porque creen carecer de medios para lograrlo cuando lo cierto, es que la felicidad esta de piel hacia dentro.

Sin duda, de vez en cuando la vida te sorprende con una cachetada que te corta el aire. Sientes dolor, pero la actitud que tomes en ese momento determina la intensidad del dolor y el tiempo que tardas en eliminarlo o en aprender a vivir con su secuela.

Cuando hablamos de felicidad, hablamos de una elección y actitud ante la vida. Únicamente nosotros, decidimos si ser o no ser feliz. Son determinadas actitudes las que nos dificultan ser felices:

1-Nos convertirnos en nuestros propios verdugos criticándonos y juzgándonos duramente a nosotros mismos al cometer un error. Si eres capaz de perdonar a los demás ¿por qué no empiezas contigo mismo?

2- Deja atrás el pasado y vive el “ahora”. El único momento que puedes controlar, es el que estás perdiendo cada vez que revives lo que ya pasó, o anticipas lo que está por pasar. Recuerda que hoy, es el pasado de mañana. Con cada día, con cada paso, estás creando tu destino.

3- Centra tu atención en soluciones y no en problemas. Anclándote en la queja sólo alcanzarás más problemas sin embargo, aprender a tolerar el malestar a la vez que buscas una solución, te ayudará a encontrar antes la salida de esa situación dañina. ¿Qué prefieres?

4- Asociamos la felicidad al dinero. Por esta regla de tres, todas las personas de un nivel adquisitivo alto deberían ser felices y solo hay que observar la cantidad de personajes públicos que el único problema que han tenido con el dinero es no saber qué hacer con él y sin embargo, han llegado incluso, a quitarse la vida por lo tanto, dinero y felicidad no van unidos de la mano. No tener dinero para cubrir tus necesidades básicas, por supuesto que influye negativamente en la felicidad pero, si tienes las necesidades básicas cubiertas, todo lo demás es porque lo prefieres y no porque lo necesitas. Es una realidad que tener dinero ayuda a ser feliz, pero no es estrictamente necesario para conseguirlo. Lo cierto es que, puedes adaptar tu vida a vivir con menos caprichos e incluso puedes adaptar tu vida a una enfermedad física pero cuando tu equilibrio emocional es lo que falla, lo más que puedes hacer para ser feliz es volcarte al 100 x 100 en recuperarlo.

5- Asociamos felicidad al logro de un objetivo cuando, la felicidad no es llegar al destino sino, disfrutar de estar en el trayecto. De no ser así, los momentos de felicidad serían prácticamente escasos. Cuando ganas un partido, consigues un trabajo, consigues un ascenso, consigues como pareja a esa persona que tanto deseas o, te mudas de residencia, consigues emborracharte de un estado de euforia que es tremendamente satisfactorio, pero de tiempo limitado. Aprender a disfrutar de cada paso que das y te acerca a tu objetivo para, celebrarlo más aun cuando logras alcanzarlo y sentirte orgulloso del esfuerzo y trabajo duro que has llevado a cabo, es felicidad.

6- Vivimos anhelando un estado de felicidad permanente. ¡Anhelamos lo imposible! Debemos aceptar que la felicidad y el dolor son dos lados de la misma moneda. El dolor es como la noche al día y como la claridad y la oscuridad. Son conceptos muy diferentes pero que siempre van unidos. El dolor forma parte de la vida y debemos aprender a tolerarlo para poder ser feliz. ¡Ojo! No se trata de resignarse a vivir con dolor. Eso sería sufrimiento y, el sufrimiento es opcional. Se trata de aceptar que las cosas no siempre salen como nos gustaría y, vivir el dolor como un proceso natural y pasajero sin dejar de mirar hacia adelante en busca de nuevos caminos. Aceptar que la vida tiene momentos buenos y momentos no tan buenos donde la actitud que decidas tomar es la clave para superarlos. “Tu capacidad de conocer la felicidad depende de tu capacidad de conocer el dolor” (Macedonio Fernandez)

Todo el mundo quiere la felicidad sin dolor, pero no se puede tener un arcoíris sin un poco de lluvia”

Tamara de la Rosa

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