Publicado: 6 de Noviembre de 2017 a las 08:36

La verdad que mi vida es de manual. Hay de todo un poco ja ja ja... Como para escribir otro libro.

En mi trabajo veo a muchas personas con altos niveles de frustración e insatisfacción por la maldita tendencia al perfeccionismo y como eso, para variar, también lo he vivido en mis propias carnes, les cuento mi experiencia.

Hubo una época que intenté ser perfecta en todos los ámbitos de mi vida. Cómo ya he comentado en algunos de mis artículos, de niña y adolescente fui bastante complicada. A los 7 años acudí al psicólogo por primera vez para modificar mi conducta. Era una niña muy rebelde, con un carácter bastante fuerte y un tanto agresiva. Algo bastante curioso ya que mi entorno familiar era de lo más estructurado y respetuoso que podía existir. Como consecuencia a todo esto, mis padres sufrieron y lucharon durante años. Continúas llamadas del colegio dando quejas de mi comportamiento. Continuamente expulsada de clase. Una infancia donde me acostumbré a estar castigada hasta el punto de desconocer lo que me perdía. Me daba todo exactamente igual. Era la típica niña que a los padres de muchas amigas no les gustaba y le aconsejaban que se alejaran de mí. (Aprovecho para enviarle un saludo muy fuerte a todos si por casualidad me leen ;) ) … y continúo, era una niña que no tenía ilusión ni interés por nada. Solo había algo que me hacía evadirme de todo, y eran mis clases de gimnasia rítmica donde acudía 3 veces por semana y además era reconocida. Ese momento me acuerdo que me llenaba de energía. De resto, me daba todo igual.

Recuerdo siempre a mi madre obligándome a estudiar, haciéndome esquemas y pidiéndome por favor que cambiara. Empecé a juntarme con personas que me ayudaron a desviarme aún más del camino, aunque está claro que era yo la que decidía y entonces, empezaron mis suspensos. Llegué a repetir dos veces el mismo curso. Recuerdo que mis padres no paraban de decirme que yo no era así. Que sacara lo mejor de mí. Que era una niña especial y que tenía mucho potencial desaprovechado. Esta claro que mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron.

De repente un día, a los 17 años, llegué a ver a mis padres tan afectados que, en mi cabecita hubo un cambio que a su vez, hizo que cambiara también mi actitud ante la vida. Me costó muchísimo quitarme etiquetas de encima y ganarme la confianza de muchos, menos las de mis padres que siempre confiaron en mi, a pesar que la mitad de sus canas fueron consecuencia del los disgustos que les dí.

Los principios y valores que habían intentado inculcarme desde pequeña y que parecía que yo no absorbía, empezaron a hacer efecto. Fue entonces cuando nació en mí un SENTIMIENTO DE CULPABIIDAD HACIA ELLOS DEVASTADOR ¿Cómo podía haberles hecho sufrir tanto? En ese momento quise reparar todo el daño que les había ocasionado. Comencé a estudiar de manera obsesiva.Quería ser la estudiante perfecta, la hija perfecta y fue cuando, “casualmente”, nació “Petri”, el nombre que le puse al Trastorno Alimentario que mandé a paseo hace ya bastante tiempo. Parece que también buscaba el cuerpo perfecto.

Yo solo buscaba que se sintieran orgullosos de mí como nunca lo habían estado. Quería que presumieran de mi de una vez por todas en lugar de quedarse con la cara colorada fueran a donde fueran. Solo quería compensarles tanto daño y esfuerzo. Pero una vez más me equivoqué. Debemos esforzarnos en ser RESPONSABLES Y HACER SIEMPRE LAS COSAS LO MEJOR QUE PODAMOS, pero JAMAS intentar ser una persona perfecta.

De todos los defectos que existen, el perfeccionismo es uno de los mejores considerados por la sociedad, cuando lo cierto es que es una característica  que se asocia con falta de seguridad y confianza. Al pretender hacer todo perfecto, en lugar de lo mejor que podamos, nos marcamos unas expectativas casi inalcanzables que nos provocan ansiedad y sufrimiento. Además, vivimos en una sociedad muy competitiva que nos demanda cada vez hacerlo todo en el menor tiempo posible,  con más eficacia y con mejores resultados. Todo esto nos lleva a muchos a buscar la perfección en todos los ámbitos de nuestra vida (en el trabajo, en la amistad,  una madre o padre perfecto, etcétera), cuando tan solo intentarlo conlleva muchos mas inconvenientes que ventajas. Nos convertimos en personas con pensamiento muy rígido, muy críticas con nosotros mismos, personas disciplinarias y muy constantes (de manera obsesiva) en la consecución de nuestros objetivos. Nunca logramos estar conformes con el resultado de nuestras acciones y asociamos cualquier error que cometamos con falta de valía. Un error confirmaría lo que realmente creemos de nosotros mismos, que no somos capaces. Lo peligroso de no eliminar esa tendencia a buscar la perfección es llegar a desarrollar un trastorno obsesivo- compulsivo.

No pretendo ser ejemplo para nadie, pero por mi trabajo sé que son muchas las personas que se sentirán identificadas con el daño que causa el maldito perfeccionismo. Y si mi experiencia le sirve a alguien, me quedo más que satisfecha.

  1. Empecé a ser feliz cuando me di cuenta que estaba en una lucha constante para demostrar y demostrarme a mi misma que podía ser de otra manera. Me quité un peso de encima cuando tiré la toalla en esa batalla contra mi misma. Sabía lo que era, mis padres también lo sabían. No tenía nada que demostrar.
  2. Empecé a superarme como persona y profesionalmente cuando enterré la autoexigencia y empecé a practicar el “me permito…”

-          Me permito cometer errores.

-          Me permito no estar siempre al 100 por 100.

-          Me permito empezar de nuevo.

-          Me permito cambiar de opinión.

-          Me permito cambiar de objetivo.

-          Me permito tomarme descansos.

-          Me permito que las cosas no salgan siempre como y cuando quiero.

-          Me permito no ser esclava de mi misma ni de unas expectativas.

-          Me permito ser flexible.

-          ME PERMITO SER FELIZ.

      3.Tirar la toalla respecto al perfeccionismo me ayudó mucho a crecer profesionalmente. Ya no arrastraba el peso de la perfección y me apetecía arriesgar, aún sabiendo que cabía la posibilidad de no salirme las cosas tal y como yo hubiera preferido.

DA SIEMPRE LO MEJOR DE TI PERO RECUERDA, QUE TE PUEDIERA HABER SALIDO MEJOR, NO QUIERE DECIR QUE TE HAYA SALIDO MAL Y TAMPOCO QUE OTRA VEZ, NO TE PUEDA SALIR MEJOR.

Disfruta del esfuerzo y empeño en todo lo que haces. El resultado, la mayoría de las veces, no solo depende de ti.

Tamara de la Rosa

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