Publicado: 21 de Noviembre de 2017 a las 14:41

Por diferentes motivos, como podrían ser continuas experiencias negativas, convivir en un entorno pesimista u otras razones, podemos ir adquiriendo de manera progresiva un estilo de pensamiento negativo sin apenas darnos cuenta. En ocasiones nos cuesta reconocer en quien nos hemos convertido. Nos recordamos como personas alegres, divertidas, que disfrutaban de la vida y de repente, sin saber cómo ni cuándo, nos vemos envueltos en un mundo bombardeado por pensamientos tan negativos, destructivos y dañinos que dificultan el ritmo de nuestro día a día, un mundo lleno de miedos y negatividad hacia nuestro entorno y hacia nosotros mismos. Lo que comenzó siendo una interpretación negativa de un suceso en particular se fue generalizando a un todo. La mente llega a un punto que adquiere el poder de darle escasa o nula atención a todo lo bueno que nos ocurre o está por ocurrir y se centra únicamente en lo negativo. Y en caso que no lo haya, lo busca hasta encontrarlo.

Nos hablamos con crueldad, una crueldad que somos incapaces de utilizar con otras personas. Sin embargo, no nos cuesta nada hacerlo contra nosotros mismos. Seguimos sin ser conscientes de que las palabras no se las lleva el viento y que cada una de ellas destruye o edifica, hiere o cura, te inspira o te hunde. Las palabras se transforman en nuestro pensamiento, así que en cada momento estamos creando lo que pensamos. Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto centrifugando un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante horas. Esa sensación de agobio permanente produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro.

El problema está en que nos creemos todos los pensamientos que nuestra mente crea y lo cierto es que no todo lo que pensamos tiene por qué ser real. Por mucho que yo piense que soy una persona altruista, si no actúo como tal no lo seré nunca. Por mucho que yo piense que me voy a ganar el Euromillón, a no ser que juegue y, además, me toque la suerte (el azar), no me voy a hacer millonaria. Pues lo mismo ocurre con todo lo que pensamos. La función de la mente es enviarnos todo tipo de pensamientos, unos racionales, otros irracionales, creativos, sexuales, sádicos, etcétera. Esa es la función de la mente. Sin embargo, nuestra función es darle la credibilidad e importancia que corresponde a cada uno de los pensamientos, en lugar de disfrazarnos de ellos de manera automática, viviéndolos como si se tratara de una realidad. Debemos aprender a cuestionar lo que pensamos.

El diálogo socrático es una herramienta que utilizamos muchos psicólogos en terapia cuando trabajamos la restructuración cognitiva. Se trata de un diálogo donde a pesar de parecer una simple conversación, donde solo falta una cañita y un plato de camarones, el psicólogo está cuestionando determinadas ideas irracionales o limitantes del paciente llevando a cabo una serie de preguntas para que, a través de la reflexión, razonamiento y evidenciando el pensamiento, el paciente rompa con el esquema mental destructivo y llegue a la parte racional. El objetivo es que el paciente llegue a utilizar esta herramienta consigo mismo para cuestionar los pensamientos catastróficos y poco a poco, adquirir un hábito de pensamiento saludable. Normalmente, cuando tenemos una baja autoestima, todo lo negativo (especialmente lo referente a uno mismo) nos lo creemos sin cuestionarlo ni un momento, dificultando muchísimo la toma de decisiones y convirtiéndose así en la barrera que separa lo que somos de lo que queremos ser o lo que tenemos de lo que queremos tener.

Algunas preguntas eficaces del diálogo socrático pueden ser: "¿Qué es lo peor que te puede pasar?, ¿Y lo mejor? ¿Lo peor tiene algún tipo de solución? Todo es posible pero ¿qué probabilidad existe que ocurra? ¿En qué te basas? Cuestionando tu pensamiento de esta manera lograrás en muchísimas ocasiones identificar el pensamiento irracional que te tiene bloqueado. Estarás poniendo a prueba a tu pensamiento para comprobar cuanto de real es. Recuerda, no todo lo que piensas es real así que no des todo por cierto de forma automática.

Tamara de la Rosa