Publicado: 16 de Agosto de 2018 a las 16:43

¿CONOCES TUS SUPER PODERES?

Pues sí, dicen que los poderes no existen pero yo te aseguro que tenemos más de los que puedes imaginarte. Solo tienes que conocerlos, leerte las instrucciones para no hacer un mal uso de ellos y ponerte a entrenar hasta que lo domines.

Hoy te voy a hablar de dos de esos poderes: El poder de pensar lo que uno quiera, y el poder tomar nuestras propias decisiones.

1. Todos tenemos el poder de pensar lo que queramos. Divagar por fantasías con las que muchos  mueren sin compartirlas. Pensar sin miedos ni barreras como las de ser juzgados, no ser aceptados, etiquetados y demás. Dejar funcionar nuestra parte creativa e imaginativa y simplemente soñar. Y es que haciendo una buena gestión de nuestro pensamiento podemos convertirla en una máquina de placer y satisfacción continua que llevamos encima y que no tenemos que esperar a llegar a casa para ponerla en uso. Nuestra mente puede ser nuestra mejor confidente, y muchas veces, la única. Nuestro baúl de pensamientos secretos. Pensamientos de todo tipo y con la tranquilidad de que nunca nadie podrá conocerlos a no ser que decidamos darle luz. Pensamientos que jamás nos podrán obligar a no tenerlos. Somos los dueños de todas esas imágenes mentales que visitan nuestra cabecita.

El problema surge cuando tenemos miedo a lo que pensamos. Cuando hacemos un mal uso del pensamiento y convertimos lo que puede generarnos satisfacción en nuestro peor enemigo. Es cuando intentamos “evitar” pensar, y es aquí cuando todo empeora. Conseguimos que ese pensamiento al que tememos se multiplique y aumente su importancia. Al contrario de lo que muchos creen, evitar “no pensar” no es la solución. Si ahora mismo nos proponemos a “no pensar” en botellas rojas, comprobaremos que esa imagen no parará de repetirse en nuestra cabeza. Debemos aceptar los pensamientos como eso mismo. Simples pensamientos que por tenerlos no significan que sean reales. Cuando logramos aceptar mantener esos pensamientos fastidiosos como si fuera una radio encendida a la que no le prestamos atención, estos pensamientos se disiparán.

2. No hay mayor sensación de libertad que la de tomar uno sus propias decisiones a pesar de equivocarse en ocasiones. Son muchas las veces que mantenemos una situación que nos insatisface por miedo al fracaso, cuando si te paras a pensar un segundo, lo que realmente es un fracaso a nivel personal es mantener una situación que a día de hoy no te satisface, te hace daño, te quita el sueño, el hambre, las ganas de vivir, sin intentar remediar la situación o buscar otra alternativa de cambio. Los cambios nos asustan, y preferimos acomodarnos a ciertas situaciones por ideas limitantes como “y si no me va bien”, “lo que pensarán de mi”, “no van a estar de acuerdo con mi decisión” etcétera. Con frecuencia nos convertimos en presos de nuestros propios miedos donde cada barrote son nuestras inseguridades y creencias limitantes. Hazte la idea que para tomar decisiones hay que renunciar a algunas cosas. Por este motivo, es muy importante saber priorizar.

Pero a pesar de esto, tienes el poder de cambiarlo. De sacar tú fuerza, doblar esas rejas y sacar el derecho a decidir qué hacer con tu vida. No se trata de hacer las cosas a lo loco. No se trata de no escuchar consejos. Se trata de hacer lo que realmente te gustaría al margen de lo que opinen los demás, o de lo que esperan de ti. En ocasiones, agradar a los demás conlleva a desagradarte a ti mismo, y facilitarle la vida a los demás es algo maravilloso pero siempre que hacerlo no suponga destruir la tuya.

Ten en cuenta que cualquier decisión  supone una elección. Y una elección supone una apuesta con la que puedes ganar o perder en algún aspecto. Pero a veces es más peligroso quedarse quieto.

Tamara de la Rosa

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