Publicado: 3 de Octubre de 2018 a las 11:51

Y es que tomar decisiones puede parecer algo sencillo para muchos y para otros tantos no serlo. El tomar decisiones y llevarlas a cabo es una habilidad donde intervienen muchos factores. Hay quienes ante una situación difícil actúan con rapidez, tanto a la hora de buscar un abanico de soluciones como a la hora de llevarlas a cabo. Por otro lado, quienes se bloquean y se quedan en blanco sin saber cómo reaccionar, y también quienes saben lo que tienen que hacer pero no como hacerlo. Quizás te hayas visto en alguna de estas situaciones en diferentes momentos de tu vida. No reacciona y actúa de la misma manera una persona cuando tiene confianza en sí misma e interpreta el error como un riesgo que merece la pena correr, que una persona con falta de seguridad y para quien un error significaría un fracaso.

Sería extraordinario que en los colegios insistieran más en enseñar la práctica de habilidades tan necesarias para la vida como  la “toma de decisiones o resolución de conflictos”, donde enseñaran a los más pequeños a reaccionar ante dificultades buscando soluciones, ya que ser capaz de tomarlas nos permite acercarnos a aquello que realmente queremos o alejarnos de aquello que nos causa dolor. Sin embargo, la falta de toma de decisiones nos paraliza, por lo que el resultado que obtendríamos sería la ausencia de beneficios, y es entonces cuando aparecería la frustración, insatisfacción y baja autoestima.

¿Qué estrategias de afrontamiento necesitamos para tomar decisiones con mayor facilidad?

1. Autoconfianza. Ser conscientes del abanico de destrezas que tenemos para afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. No podemos confiar en nosotros mismos si no conocemos cuales son nuestras fortalezas.

2. Autoestima: la valoración de nosotros mismos es muy importante para proyectarnos como personas competentes a la hora de tomar decisiones. Tomar conciencia que podemos escuchar o pedir consejos miles, pero que si alguien puede elegir lo más adecuado para nuestra situación, ese es cada uno de nosotros.

3. Experiencia emocional: Identificar, aceptar y manejar nuestras emociones son habilidades que nos permiten valorar de un modo realista las diferentes alternativas y consecuencias de una elección. Sentir cierto miedo al tomar una decisión no significa que no sea una decisión adecuada, o que algo vaya a salir mal. Se pasará pronto, es normal estar activado.

4. Los estilos de pensamiento son esenciales tanto para procesar las experiencias previas a las decisiones como para afrontar sus consecuencias. No busques la solución perfecta, sino la que consideras que es suficientemente adecuada como para seguir adelante.

Ten en cuenta:

1. Cuando nos enfrentamos a una toma de decisiones que sentimos complicada, lo que verdaderamente nos está costando no es elegir una de las opciones, sino olvidarnos del resto de ellas. Debemos aprender a renunciar para poder seguir avanzando. Esto no quiere decir que renuncies a algo para toda la vida, sino que primero vas a conseguir algo para luego, si te sigue apeteciendo, esforzarte por conseguir lo otro. Cualquier elección supone una apuesta que puede llevar a ganar o a perder en algún aspecto. Pero a veces es más peligroso quedarse quieto.

2. Borra de tu mente los “qué hubiera pasado si…”.

3. Cuando nos encontramos en una situación que nos insatisface y no hacemos nada por abandonarla, es porque existen refuerzos, a veces, a nivel inconsciente. Deja de centrar tu energía en la queja y empieza a mirar más allá. Si quieres avanzar, tendrás que renunciar a algo.

Tamara de la Rosa

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