Publicado: 15 de Mayo de 2018 a las 08:56

Seguramente, en más de una ocasión habrás sido esclavo de la culpabilidad. Eso que llamamos conciencia y que además es muy positivo, porque gracias a esa emoción aprendemos que lo que hemos hecho no está bien, y aumentará la probabilidad de no volver a repetirlo. Puro aprendizaje. Hasta aquí estamos hablando de una emoción que nos ayuda a ser mejor persona.

Pero por otro lado, esta emoción mal gestionada, a pesar de no ser un trastorno, puede llegar a condicionar nuestros comportamientos, a limitarnos y a provocarnos grandes dosis de sufrimiento.

El sentimiento de culpa puede ser una forma de sabotear toda una vida. Es una de las emociones más destructivas, y la mayoría de las personas la experimentamos en mayor o menor medida, tanto si es por algo que hemos hecho como por algo que no hemos sido capaces de hacer.

Es muy común es que aparezca en personas con alto nivel de auto-exigencia y perfeccionismo ya que, este tipo de personas, no son capaces de perdonarse el no cumplir con toda norma que consideran correctas.

Gracias a la culpa podemos darnos cuenta de que actuamos mal y nos permite analizar, corregir nuestra conducta y aprender de lo que sucedió. Nos hacemos responsables de nuestros actos. Hasta aquí podemos hablar de culpa positiva, pero lo más habitual es que pongamos el foco únicamente en el error y no nos permitimos haberlo cometido. Reconocemos lo mal que nos sentimos, pero no hacemos nada al respecto.

1- Aplica la “auto-humildad”: Cierto es que, lo más complicado no es perdonar a los demás sino perdonarnos a nosotros mismos. Existe el malentendido que perdonar equivale a olvidar y, por esto, muchas veces sentimos que no es correcto perdonarse porque a la hora de hacerlo también hacemos un acto de olvido. ¡Error!. No se trata de olvidar sino de recordar sin dolor.

2- Es importante que podamos observar  e identificar qué nos está indicando el sentimiento de culpa, y qué podemos aprender de ello. Al hacer este análisis evitamos un sufrimiento y malestar que no tienen nada que ver con la culpa, sino más bien con nuestra desvalorización e incomprensión hacia nosotros mismos.

3- Aceptación: No aceptar algo es encadenarte a ello de por vida. Negarlo no sirve de nada. Debemos cambiar el enfoque y planteamos que las circunstancias en las que hicimos aquello que no nos podemos perdonar eran distintas a las de ahora. Lo que te ha ocurrido, te ha enseñado. Si hubieras sabido lo que sabes ahora probablemente no lo hubieras hecho. Asumir los errores, entre otras cosas, implica asumir las consecuencias e intentar remediar el daño en las medidas de tus posibilidades. Una conciencia limpia ayuda.

4- Vive sin reproches: Por mucho que llores y te lamentes, tus lágrimas no podrán borrar ni una sola línea de tu historia. El hecho de que tu mente sea capaz de almacenar el pasado, te indica que puedes utilizarlo para aprender.. Una vez aprendas la lección, perdonarte y dar por hecho que has trabajado tu desarrollo personal. Todos necesitamos otra oportunidad. Si se la das los demás ¿por qué no te la das a ti? Somos más duros con nosotros mismo que con cualquier otra persona.

5- No evites tus emociones: Cuando cometemos errores lo primero que tenemos que hacer es asumir que tenemos emociones incómodas, identificarlas y trabajarlas para que dejen de estar encerradas en nosotros. Debemos gastarlas pero no auto-machacarnos por ello. Si no las proyectamos hacia el exterior, se proyectarán hacia el interior y quedarán encerradas en nuestro cuerpo por lo que aumentará la probabilidad de aparición de posibles patologías incluso, enfermedades físicas.

6- Haz un buen uso de tu experiencia de cara a mejorary, sobre todo, aprende a abrazar la imperfección. Acepta que los seres humanos son imperfectos y que tú también lo eres.

7- Deja de cuestionar cómo lo deberías haber hecho y emplea esa energía en cómo lo vas a hacer a partir de ahora.

 

Tamara de la Rosa

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