Publicado: 6 de Agosto de 2019

Seguramente alguna vez habrás llegado tarde a algún lugar o habrás tenido que esperar por alguien. A todos se nos puede torcer el día y, de manera ocasional, vernos obligados a tener que retrasar o cancelar una cita. Pero lo cierto es que hay quienes toman la impuntualidad como un rasgo de personalidad y se justifican con un: “no sé cómo lo hago pero siempre llego tarde”.

Es cierto que la continua impuntualidad en una actividad puede deberse a muchos factores como por ejemplo la falta de motivación (si no es de tu interés, acudes sin ganas y sin prisas). Quizás también pueda deberse a que te comprometes con demasiadas cosas y no eres capaz de organizarte en el tiempo para ser puntual. O quizás por falta de empatía ya que el mensaje que transmites es que tú tiempo es más valioso que el de otros. Y así puedo continuar con una lista de diferentes motivos por lo que una persona puede tener la costumbre de llegar con retraso a cualquier tipo de cita. Pero lo cierto es que la continua impuntualidad, sea por el motivo que sea, es una falta de respeto hacia los demás. 

Es cierto que cada uno gestiona su tiempo, lo invierte o malgasta en lo que le plazca, pero no el tiempo de otros.

Cuando alguien acude a un encuentro contigo, esa persona ha dejado de hacer otras cosas o de estar con otras personas por compartir un momento junto a ti. El tener que esperar a alguien como norma, en la mayoría de las personas, genera malestar. La impuntualidad “crónica” cuesta no ser interpretada como una falta de interés o incluso como una falta de respeto si ya con anterioridad se le ha comentado a esa persona que ese comportamiento le hace sentir mal.

Es evidente que la mayoría de las personas que normalmente llegan tarde no lo hacen de manera voluntaria, pero hay ocasiones donde no tener mala intención, no justifica determinado comportamiento.

No esperes que se muevan todos los relojes en función a tu impuntualidad, y deja de jugar con el tiempo que no es tuyo. Está claro que si tú no le das importancia a tu tiempo, si no te importa “perderlo”, tampoco entiendes que sea importante para los demás, pero la mayoría de las personas tienen mejores cosas que hacer que estar esperando por alguien.

1. Incúlcalo como un valor de respeto: Si como padres ponemos una hora de llegada a nuestros hijos, pero no pasa nada si llegan veinte minutos más tarde, es lógico que aprendan que ser impuntual no crea problemas. Evita que se den una cachetada con la realidad cuando comiencen a tener conflictos en el campo de relaciones personales, laboral, etcétera. La impuntualidad “crónica” si genera problemas.

2. Calcula el tiempo que te llevan tus actividades y así serás más realista con el tiempo que te demoras realizándolas.

3. Si te organizas para llegar a la hora justa probablemente llegues tarde, así que intenta llegar con un poco de antelación.

En los casos que tú decides que te compensa esperar siempre por determinada persona, o no te queda otra opción, busca una estrategia para que no te sea tan molesta la espera y no interfiera en tu estado de ánimo. Al fin y al cabo, lo que nos molesta no es la espera, sino como la interpretamos. Llévate una revista, un libro, los cascos con música.

No olvides que el tiempo de una persona es el regalo más bonito que te puede hacer, ya que hablamos de algo que no lo podrá recuperar nunca y que decide agotarlo en ti.

Tamara de la Rosa