Si estás o ya has pasado por los treinta y largos y no tienes ni hijos ni pareja, te sonará muchísimo la mítica frase de: “Cuidado que se te pasa el arroz”. Parece que si no tienes pareja e hijos no puedes llegar a ser una persona completa. Da igual si eres feliz, o no lo eres. De cara a gran parte de la sociedad, si eres mujer, llegas a los 40 y no te has casado ni has tenido hijos, muchas personas se apiadarán de ti pensando que has tenido mala suerte en la vida. Y en caso que seas hombre, te juzgarán en muchísimas ocasiones como una persona inmadura, o un Peter Pan de la vida con miedo al abandono y que huye de cualquier tipo de compromiso. Incluso, si estás separado, quizás no te hayas adaptado aún a tu nueva situación, y muchas personas te preguntarán sobre cuando rehaces tu vida y es que, no llegamos a entender que vivir en pareja o tener hijos es una opción y elección.

Es cierto que encontrar un compañero de vida, una persona con quien compartir tus buenos y malos momentos es satisfactorio, pero si lo interpretamos como algo"necesario" para alcanzar una vida plena, completa y como único medio para ser feliz, en muchísimas ocasiones nos aferraremos a un clavo ardiendo equivocándonos en la decisión y siendo peor el remedio que la enfermedad. Tener pareja es algo opcional. Algo que en todo caso “preferimos” pero “no necesitamos” para ser feliz. La necesidad conlleva dependencia y la dependencia nos destruye generando lazos de apego acompañado de un temor atroz al abandono, que en muchas ocasiones nos hace justificar determinadas conductas inadecuadas. La felicidad no está al lado de nadie, sino dentro de uno mismo.

Tener pareja es algo personal. Depende de las prioridades de cada uno y del momento de la vida en el que se encuentre cada persona.

Muchas veces nos vemos tan presionados por la sociedad, o por entorno en el que vivimos, que nos llegamos a creer ese mensaje absurdo de que lo único que nos falta para ser feliz es encontrar a alguien con quien compartir nuestra vida, crear una familia, comprar una casa e hipotecarnos hasta el cogote y 20.000 supuestas necesidades mas, llegando incluso, a cuestionarnos sobre si habremos hecho algo mal por no haberlo conseguido.

1- No juzgues: si una persona no tiene pareja e hijos, no tiene porqué deberse a tener un mal carácter o ser una persona difícil de llevar. Quizás está en un momento de su vida en el que tiene otras prioridades y ha conseguido encontrar una estabilidad emocional satisfactoria siendo feliz consigo mismo. Debemos respetar los diferentes modos de vida ya que nadie ha declarado que un modo de vivir sea mejor que otro. Lo realmente importante es ser feliz ya sea solo o acompañado.

2- No vivas en función de las expectativas de los demás. Cada persona elige lo que le hace feliz. Lo habitual no tiene por qué ser único y lo válido. ¡Tú eliges lo que quieres para tu vida en cada momento, no lo demás!

3- Cuando eres feliz contigo mismo, estás preparado para serlo aún más junto a otra persona.

Tamara de la Rosa
Twitter e Instagram: @tamarareinventa



Publicado: 16 de Febrero de 2017 a las 14:13