Son muchas las personas que son secuestradas por la desesperanza. Esa sensación de tristeza que aparece cuando interpretamos que un problema, o situación que nos desagrada no tiene solución, arrastrándonos así a un estado de resignación a lo que nos ha tocado vivir, inmensas ganas de tirar la toalla, e incluso en algunos casos, ganas de dejar de vivir.

Ocasionalmente, todos nos hemos sentido melancólicos o tristes pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y desaparecen en unos días. Cuando se alarga en el tiempo e interfiere en nuestro día a día causando dolor es cuando empieza a ser un problema. Lo cierto es que, la desesperanza es un factor de vulnerabilidad para cierto tipo de depresión y para el pensamiento de suicidio y no creas que eres inmune porque, si no lo sabemos gestionar, a absolutamente todos nos puede pasar.

Cuando aparece la desesperanza, existe un tipo de pensamiento “fatalista” y es de gran importancia aprender a detectarlo. Se trataría de ese pensamiento  de “no poder hacer nada para mejorar la situación” ni ahora ni nunca y, que las consecuencias "son inevitables, permanentes y que afectarán a todos los ámbitos de su vida”. Con este tipo de pensamiento, caes en una resignación forzada y abandono de cualquier tipo de sueño. Además, son personas que se echan la culpa de todo lo que les sucede y que piensan que siempre les ocurrirá lo mismo.

1- La clave de la desesperanza está en la interpretación que haces sobre lo que te pasa por eso, aprender técnicas como la resolución de conflictos y aprender a hacer un buen uso del pensamiento (acabar con el pensamiento catastrofista y entrenar la habilidad de sustituir pensamientos negativos por otros positivos), es esencial para superar este estado de ánimo.

2- No te dejes convencer por la desesperanza. Hasta en las situaciones más difíciles, podemos llevar a cabo un cambio. Siempre podemos hacer algo para encontrarnos mejor.

3- Anota en un papel todo aquello que te gustaría cambiar. Desmenúzalo. A su lado, pon posibles soluciones. Que no encuentres la solución no quiere decir que no exista. Se humilde y busca apoyo. No sufras en silencio. Habla con personas cercanas a ti. Seguramente alguno ha pasado por tu situación y ahí, podrás encontrar la solución que buscas. Recuerda que vivir anclado en la desesperanza es "vivir por vivir" y de lo que se trata, es de vivir bien.

4- Piensa que, la mayoría de las personas nos hemos sentido desesperanzados alguna vez. De lo que se trata es de manejar y gestionar esa emoción, para no permitirle congelar nuestra vida. En toda habitación siempre hay una salida. No te resignes a permanecer encerrado en ella. Recuerda otras situaciones de tu vida donde estabas convencido de no encontrar una salida y sin embargo, lograste superarla.

5- Acepta lo que no puedas cambiar y enfoca tu atención en lo que sí. La actitud que tomes ante la vida, depende exclusivamente de ti. Y no te confundas, aceptar no significa resignarse y vivir anclado en el dolor. Se trata de aceptar y continuar avanzando.

6- Importante, aunque no exista apetencia alguna, es buscar actividades que nos hagan sentir bien. Se trata de obligarnos a despertar esas emociones que nos producen satisfacción. Actividades nuevas o que antes de ser atrapados por este estado, nos gustaba realizar.

7- Analiza cada error que cometas pero, no para boicotearte con mensajes cargados de reproches, desprecio, culpa y desesperanza. Analízalos y aprende de éstos para no volver a tener la misma caída. Gracias a la experiencia, vamos conociendo sobre que caminos pasear y sobre los que no. Y con cada paso que damos y que no damos, creamos nuestro destino.

Recuerda: “No necesitas saberlo todo, tan solo necesitas saber aquello que te hace falta cuando lo necesites” (Albert Einstein)

Tamara de la Rosa

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Publicado: 4 de Mayo de 2017 a las 08:51