Pues sí,  tuve una relación tóxica por no llamarla tortuosa. Una relación donde pequé de desconocimiento pero sobretodo, de “enterada”. Si señores, de enterada total.;)

Toda mi vida he sido una persona con muchísimo carácter, defensora de las causas perdidas y la frase que me definió y con la que se me etiquetó durante toda mi infancia y adolescencia fue “esta niña no se calla ni debajo del agua”. Siempre tenía algo que alegar, tenía que acabar con la última palabra aunque no tuviera la razón, defensora de mis derechos (ahora me doy cuenta que muchos me los inventaba yo misma),  y faltaría más si a alguien se le ocurriría faltarme el respeto o simplemente levantarme el tonito de voz. Salía entonces una fierilla de dentro de mí que volvía loca a cualquiera. Vamos, que igual que presumo de haber tenido siempre una buena base de principios y valores y ser una persona noble que rechazaba y no permitía ningún tipo de abuso delante de ella, también reconozco que cuando me salía el mal carácter, no pasaba desapercibida y era realmente insoportable. Pues sí, esa era yo y encima, me da por estudiar psicología. Y va por aquí lo de que pecar de “super - enterada”.

Con mi carácter y siendo psicóloga nunca imaginé que la fierilla de mi pudiera llegar a caer en una relación de posesión, de exclusividad, de faltas de respeto, donde perdí absolutamente toda mi esencia. Una relación donde me aislé de todo y donde solo veía por unos ojos que no eran precisamente los míos. De repente me vi envuelta en un mundo gris, sin color alguno, donde hiciera lo que hiciera y de la manera que fuera, me convertía siempre en la culpable de algo. Una pesadilla y asqueroso mundo del que creí que no podría salir porque llegué a normalizar tantísimo todo lo que me pasaba, que realmente creí que era mi “mal carácter” el responsable de todo lo que ocurría. Es increíble como tu mente puede olvidar que fuera del pozo donde estás metida en ese momento, existe un mundo lleno de color, de vida, de oportunidades y sobretodo, de gente que te quiere.

Cuando dejé atrás esa pesadilla y comencé a ver la realidad que había vivido poniendo distancia emocional, no me podía creer que hubiera sido capaz de mantener durante año y medio de mí vida una relación de este calibre. Me costó muchísimo entenderlo incluso llegándome a sentir culpable por permitir que alguien me hubiera tratado así. No paraba de preguntarme ¿Por qué me pasó? ¿Cómo pude permitir esto? ¡¡Preciosa forma de sabotearme que me hacía sentir aún peor!!

Lo cierto, es que me pasó por ir de confiada. Con mi carácter y siendo psicóloga, creí que estaba vacunada contra “relaciones tóxicas” y que eso a mí no me podía pasar. No supe detectar a tiempo las señales de toxicidad confundiéndolas con pruebas de amor. Si, pequé de ENTERADA. De muy enterada.

NADIE, NI LA PERSONA CON MEJOR AUTOESTIMA DEL MUNDO ESTA VACUNADA CONTRA LAS RELACIONES TOXICAS SI DESCONOCE LAS SEÑALES DE TOXICIDAD, porque perfectamente las puede confundir con demostraciones de amor.

Esto me pasó hace muchísimos años y créanme que fue una de las grandes lecciones de mi vida y el motivo por el que hoy, aunque trabajo todo tipo de problemas psicológicos, la dependencia emocional, es uno de mis temas preferidos.

En mi caso, a pesar de haber sacado la fuerza suficiente como para despedirme de esa persona, me seguía uniendo a él una fuerte dependencia emocional que no me permitía avanzar al ritmo que yo deseaba. Como estrategia buscaba reilusionarme con algo. ¡OJO!, ilusionarme con ALGO, NO CON ALGUIEN. Mi objetivo era reencontrarme conmigo misma de nuevo. La manera que encontré fue volcándome en el trabajo. Como siempre me ha apasionado, dedicarle más tiempo y tener la cabeza ocupada en proyectos nuevos, conseguía que mi estado de ánimo mejorara y que cada vez fuera más consciente de todo lo que me estaba perdiendo con aquella relación. Fue tanto lo que me volqué, que además de conocer a gente maravillosa por el camino, empecé a conseguir logros que nunca había imaginado y que me han ayudado a conseguir grandes cosas que tengo a día de hoy por las que me siento afortunada. Lógicamente no me alegro de haber tenido esa experiencia tormentosa, pero ya que me pasó y no la podré cambiar jamás, me quedo con lo mejor, y lo cierto es que si no me hubiera pasado, les aseguro que yo no hubiera invertido tanto tiempo en los objetivos que me marqué ni tanto esfuerzo en alcanzarlos. Sin duda alguna poner fin a esa relación fue otro punto y aparte en mi vida. Otro punto de inflexión.

Una vez hablando de relaciones tóxicas con Rosa Vidal en su programa de Radio “Siempre nos quedará Paris” conté mi historia y me dijo: “eres una cajita de sorpresas” y la verdad es que es cierto. Me han pasado cosas que si las analizo bien, podrían ser traumáticas y perfectamente podría estar arrastrándolas a día de hoy, pero a pesar de tener millones de defectos, quizás también por mi trabajo, he dedicado mucha parte de mi tiempo a aprender a pasar página. A aceptar y aprender de lo que me sucede sin sentir CULPA ni RENCOR que creo que es importantísimo para la salud emocional.  En mi caso, vivir sin culpa porque lo único que me pasó es que me equivoqué a la hora de confundir amor con lo que no lo era. Si en ese momento hubiera sabido todo lo que ahora mismo sé, no me hubiera pasado. Me quedo con que “ahora si lo sé”. Y vivir sin rencor porque lo cierto es que el rencor mata solo al que lo siente, y con el tiempo me he dado cuenta que por higiene mental, hay que darle importancia únicamente a quien la tiene y merece, mientras que a otras personas simplemente hay que darles indiferencia. Quizás ese carácter, que llegó a ser  durante cierta época de mi vida mí lastre,  fue el que me hizo tocar fondo, reaccionar  y pensar: “basta ya, memorízate la lección que para esto no tienes pareja”.

Esta experiencia me ha ayudadoa oler desde lejos las señales tóxicas, a pegar un brinco cada vez que las huelo, alejarlas de mí y a rodearme de personas de calidad. Aunque después de esa experiencia, a pesar de ser muy joven, me prometí no querer más parejas (promesa que solemos hacernos todas y todos los que pasamos por este tipo de relación ja ja ja ja), he conocido a personas maravillosas.

El mensaje que quiero trasmitir contando mi historia, es que muchas veces estamos en lugares donde sabemos que no queremos estar pero no nos atrevemos a dar el paso por miedo a empezar de cero, a arrepentirnos… Desde mi experiencia, tanto personal como laboral, te aseguro que empezar de cero por luchar por lo que uno merece, no es un fracaso sino una oportunidad para estar mejor. Si tu relación es tormentosa, no es amor. Las crisis y discusiones son totalmente normales en una pareja. Las malas formas son las que no son normales. Si en una relación sufres más que disfrutas (ya sea por un mal traro o por más momentos de conflictos que de placer), esa relación te está restando entonces… ¿para qué mantenerla si ya has hecho lo imposible por mejorarla y no lo consigues? Saca la cabeza del hoyo y mira a tu alrededor. Ahí fuera te espera una vida llena de sorpresas. Deja de sobrevivir y empieza a vivir. ¡LO MERECES!

Ya me lo decían desde pequeña, "eres una enteradita" ji ji ... ;)

Tamara de la Rosa

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Publicado: 28 de Julio de 2017 a las 08:26