Seguramente, alguna vez en tu vida te habrás observado mendigando cariño, atención, amistad, amor, respeto… recibiendo a su vez, un trato inadecuado de indiferencia o arrogancia por parte de otras personas. Y es que existen quienes para engañar a su autoestima necesitan menospreciar a otros para sentirse superior a los demás. No saben sentirse grandes sin pisotear a quienes rodean. Lo cierto es que si en tu entorno existen personas como éstas y no tienes una fuerte autoestima, seguramente acabarás convirtiéndote en una persona anulada y bloqueada mentalmente llegándote a creer lo que te dicen y normalizando esta conducta destructiva de “mendigar” lo que no te quieren dar, perdiendo así la dignidad.

¿Cuántas preciosas historias de amor se perdieron por orgullo? ¿Cuántas relaciones destructivas, tóxicas y dañinas se mantienen por falta de dignidad? Importante conocer la diferencia entre orgullo y dignidad.

1. Cuando hablamos de orgullo nos referimos a unexceso de ego. Queremos quedar por encima de otros sin dar nuestro brazo a torcer mostrando, en muchísimas ocasiones, conductas típicas de intolerancia. El orgullo es un lastre inútil en nuestras relaciones. Por orgullo dejamos escapar grandes oportunidades en todos los campos (sentimental, personal, laboral). No se trata de ceder y dar la razón a otra persona si crees que no la tiene, pero si esa persona o esa situación es importante para ti, con una comunicación asertiva se pueden llegar a acuerdos con el objetivo de fortalecer la relación y solucionar el conflicto desde el respeto.

2. Cuando hablamos de una persona digna, nos referimos a una persona con la habilidad de comportarse de manera justa con los demás y consigo mismo. Muestra respeto y amabilidad hacia otros, pero es plenamente consciente donde está el límite que absolutamente nadie puede sobrepasar. Un límite donde no se permite chantajes, desprecios ni nada que dañe la integridad tanto física como psicológica de una persona. No podemos exigir que nadie nos de lo que no le nace del corazón y mucho menos mendigarlo. A lo que si deberíamos estar obligados es a dedicar un tiempo para reflexionar si lo que estamos recibiendo, sea en el ámbito que sea, es lo que merecemos y deseamos. Esto no quiere decir que una persona con dignidad vaya a tener éxito garantizado en todas sus relaciones interpersonales, pero si es cierto que las relaciones fundamentadas en la dignidad son más auténticas, libres, sólidas y respetuosas.

En resumen, cuando hablamos de dignidad nos referimos al merecimiento del respeto por encima de todo. Y cuando hablamos de orgullo, tiene que ver más con el ego y con la incapacidad de pedir perdón o reconocer nuestros fallos.

Abandonar una relación o situación, sea del tipo que sea, por dignidad es un acto de responsabilidad y respeto hacia ti mismo, ya que tu dignidad debe ser innegociable. Sin embargo, tener pérdidas por orgullo, puede ser un lastre con el que cargues toda una vida.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 17 de Mayo de 2017 a las 12:58