Parece que fue ayer, tumbada en el sofá viendo la tv con papá, cuando noté un movimiento tuyo más brusco de lo normal, y de repente empecé a notar como mi pantalón de pijama se humedecía. Habías roto la bolsa. Por fin ya venías. Me puse tan nerviosa y emocionada que me dio por ordenar las cuatro cosas que estaban tiradas en casa mientras me reía sin parar. Quería que estuviera todo perfecto para tu llegada. Papá estaba nervioso como nunca lo había visto, me pedía por favor que me vistiera y fuéramos al hospital. Y yo me reía y me reía… Un 30 de Diciembre cuando te esperábamos para el 11 de Enero. Mi mejor regalo de navidad y las campanadas de fin de año mejor acompañada de mi vida.

Por fin cogimos el coche dirección Hospitén. Nunca me olvidaré la sensación que tuve al cerrar la puerta de casa y pensar que, la próxima vez que la abriera ya no seríamos dos, sino tres. Mi pequeña familia. Llevabas tiempo tratando salir a este mundo de locos, y aunque yo tampoco guardé mucho reposo para convencerte de seguir siendo mi inquilino durante unas semanas más, ya desde entonces se veía que estabas lleno de vida, de inquietud y que lo de permanecer quieto y tranquilo, realmente no iba contigo. ¡A quien habrás salido! Nunca olvidaré ese día porque marcó mi vida, la de papá y la del resto de la familia. Un niño inquieto, simpático, gracioso, con una sonrisa permanente que desprendía y desprende felicidad. Mi bebé, mi niñito y ahora, mi pequeño hombrecito.

¿En qué momento creciste que no me he dado ni cuenta? Cada día me saltan fotos de “recuerdos” del Facebook y me sorprende como eras tan chiquitito en recuerdos que vivo tan cercanos. ¿Habré disfrutado lo suficiente de ti?, ¿Podríamos haber pasado más tiempo juntos?.  Preguntas que, por mi trabajo, veo que nos hacemos todos los padres.

Ayer eras mi bebé, mi garrapata y ahora mismo estoy buscando la documentación que necesito para apuntarte en catequesis y que puedas hacer la comunión. ¡Madre mía! Qué rápido todo...

Ojalá algún día de mayor puedas leer esta carta y sentirte identificado con todo lo que estoy escribiendo. Querrá decir que en ese entonces, seré abuela ja ja ja ja … Y ya que me voy a encargar de que la leas, aprovecho para darte las GRACIAS. Gracias porque sin ti nada hubiera sido lo mismo. Gracias por enseñarnos cada día a ser padres. Gracias por darme lecciones y hacerme ver que muchas veces cometo los mismos errores que a ti te corrijo. Gracias por ser mi motivo, mi ilusión, mi gasolina, mi motor. Y PERDÓN. Perdón por todos los fallos que he podido cometer como madre que habrán sido muchos, pero créeme, cada uno de los errores que he podido cometer ha sido convencida que hacía lo mejor para ti.

Tampoco vayas a pensar que todo ha sido de color de rosa. Ya que leerás esto, que te quede clarito que muchas veces me has sacado de mis casillas. Que sepas que han habido momentos en los que tus continuos “pero… ¿por qué?” me han repateado y además, que sepas también que desde que naciste no he podido dejar mi mente en blanco, porque aunque estuvieras en las mejores manos en las que pudieras estar, nunca te he borrado, ni un ratito, de mi cabeza. ¡Pesado! ;)

Bueno chiquitín, no me extiendo más. Espero que me sigas sorprendiendo cada día con tus avances en autonomía y madurez, a pesar de seguir teniéndote que recordar, día tras día, que te pongas los calzoncillos y calcetines al derecho, que te laves las manos antes de comer, que bajes la tapita del wáter si no te importa ja ja ja...

Y es que, la vida pasa tan rápido que no los vemos ni crecer.

Un besazo Javi, mi pequeño “hombrecito”

Fdo: Mamá

Tamara de la Rosa

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Publicado: 26 de Septiembre de 2017 a las 15:01