¿A dónde vamos con tanta prisa? Vivimos aceleradamente y a un ritmo vertiginoso donde nos cuesta aceptar que conseguir determinados objetivos requieren algo de tiempo. Buscamos el refuerzo inmediato con el menor esfuerzo posible, olvidando que muchas veces el refuerzo aparece a largo plazo poniendo pasión, trabajo duro y entusiasmo para lograrlo. Pisamos con fuerza el acelerador y entramos en una carrera contra el tiempo asumiendo riesgos como la ansiedad, el mal humor, la intolerancia, la ira, el nerviosismo y la pérdida de la serenidad.

La paciencia es una cualidad que no sólo está vinculada al logro de objetivos, sino que también es necesaria para nuestras relaciones y para que el estrés no interfiera en nuestra salud ni en nuestro día a día. Todos a menudo nos ponemos nerviosos y perdemos la paciencia, aun sabiendo que la solución más adecuada sería mantener la calma. Perdemos la paciencia con familiares, amigos y hasta con desconocidos. Muchas veces creemos que la vida nos dice no, cuando sólo nos dice espera, y justo esto es la raíz del problema. No sabemos esperar, porque creemos que deberíamos tenerlo todo y deberíamos tenerlo ya, y cuando vemos que no es así, aparecen dos emociones muy negativas que atentan contra nuestro bienestar: la ira y la frustración. Emociones que podemos prevenir o manejar con la “santísima paciencia”.

1- La clave de la paciencia es hacer algo mientras esperas. Si pones el foco únicamente en el resultado, la espera se te va a hacer eterna y aparece la sensación de desespero. Si el tiempo de espera te provoca dolor, piensa que ya lo estás intentando y pon el foco de atención en otras actividades que si funcionan en tu vida, a la vez que trabajas por conseguir o cambiar la parte que no funciona. Tenemos que aceptar que existe una parte que no depende de nosotros y poner el foco en ello no nos ayudará. Debemos aprender a mantener la mente ocupada en otras cosas. Si vamos en la dirección correcta, todo lo que debemos hacer es continuar. Recuerda que la impaciencia, la desesperación, la apatía y la falta de voluntad siempre serán nuestros más difíciles obstáculos. ¡Evítalos!

2- No te alteres por nimiedades. La calma es la mejor manera para manejar situaciones críticas y de estrés. Afrontaremos el tiempo de espera y las dificultades de una manera más positiva y constructiva. Que alguien se cuele en la cola del supermercado, que te encuentres en un atasco de tráfico o que olvides la llave de casa, son sucesos desagradables pero no catastróficos y por mucho que te saquen de tus casillas y sueltes por la boca sapos y culebras, no solucionarás nada. Lo único que conseguirás es generarte malestar, estrés y ansiedad de manera gratuita. Ahorra tu energía para cuando realmente la necesites.

3- Añade humor a la situación. De lo que se trata es de quitarle hierro al asunto y poder ver la situación desde otra perspectiva, para así después poder hacer con calma lo que esté en tu mano. Aplica la higiene mental y pon la atención en lo que te haga sentir bien. Es mejor opción que dejarse llevar por la emociones de la impaciencia.

NOTA: si solo vas a disfrutar el momento en el que alcanzas tu objetivo ¿Cuanto duran esas emociones de satisfacción?

Recuerda que la paciencia infinita produce resultados inmediatos.

Tamara de la Rosa

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Publicado: 2 de Junio de 2017 a las 09:27