Lo cierto es que cuando somos diferentes a lo “habitual” en forma de vestir, ser, pensar y en otros tantos aspectos, tendemos a ser juzgados como bichos raros o personas que queremos llamar la atención. Parece que si no cumplimos con unos determinados cánones o standards eres peor que los demás y por esto mismo, muchas veces actuamos como borregos reprimiendo nuestra parte loca, divertida, creativa y auténtica esforzándonos en ser y actuar como lo hace la mayoría.

Vivimos en una sociedad bombardeados de valores impuestos a los que, con frecuencia, nos adaptamos para que nos acepten viviendo guiones escritos por otros. Parece que es grave ser diferente, y lo realmente grave es aparentar ser una persona que realmente no eres. El problema surge cuando empezamos a comportarnos según las expectativas de los demás, según lo que creemos que los demás esperan que seamos. Es entonces cuando nos sentimos diferentes e inmediatamente lo asociamos a algo negativo mermando así nuestra autoestima ya que, inconscientemente, le estamos enviando a nuestro cerebro el mensaje de: “tienes que actuar de diferente manera a lo que realmente eres porque de lo contrario no serás aceptado ni válido”. No somos conscientes del coste emocional que estamos pagando siempre que negamos ser nosotros mismos. El no mostrarnos tal y como somos, el disfrazarnos de una persona que nada tiene que ver con cada uno de nosotros, es el causante oculto de tantos problemas de ansiedad, conflictos y complejos.

1. Nunca podrás ser tú mismo si ni tan siquiera te conoces. Reflexiona sobre si estás viviendo, siendo y actuando en función de lo que te gustaría ser o por lo contrario, tienes el piloto automático y te estás moviendo en función de “como se supone que tendrías que ser”. Esforzándote en ser como los demás, lo único que consigues es ser uno más. Recuerda que lo diferente es irremplazable.

2. No te preocupes por las críticas ni por no lograr ser del agrado de todos. Lo serás para esas personas que realmente valen la pena. Personas tolerantes que, aunque no compartan muchos aspectos de tu forma de ser, te aceptan tal y como eres. Da igual si son dos o 3. Lo importante es la calidad y no la cantidad. A veces, es mejor desagradar a otros que desagradarnos a nosotros mismos.

3. Si decides cambiar algo de ti, que sea porque tú prefieres cambiarlo para lograr ser mejor persona, mejor trabajador, mejor padre, madre, estudiante, deportista. Pero recuerda que tu esencia es innegociable. No cambies por lo que puedan esperar otros de ti pues estarías infravalorándote. Ser diferente no significa nada. Simplemente que tienes tu propio estilo. ¿Cómo sería un mundo en donde todos fuéramos iguales? Sería realmente aburrido. Si tienes la suerte de ser diferente, no cambies nunca.

4. Los grandes cambios y descubrimientos han sido llevado a cabo por personas que eran, de un modo u otro, muy diferentes a la mayoría.

Seguir con el empeño de ponerte los mismos pantalones que los demás es absurdo. No todos tenemos el mismo tallaje. Si te llaman loco no olvides que a veces, es necesario un poco de locura para estar cuerdo.

Tamara de la Rosa
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Publicado: 17 de Septiembre de 2017 a las 08:52