Relacionarnos con los demás es fundamental para nuestro crecimiento y desarrollo personal, y para que estas relaciones afectivas sean sólidas, se necesita de un factor importantísimo como es el amor, pero sobretodo, el "AMOR PROPIO"

Cada uno de nosotros tenemos una relación con nosotros mismos y esa relación es la base para que funcionen todas las demás. Si no somos capaces de amarnos, de valorarnos y de tratarnos con respeto, aparte de mostrar incapacidad de amar a otros de manera saludable,  aumentará la probabilidad de conformarnos con menos de lo que merecemos en muchísimas ocasiones. “Ama al prójimo, muestra predisposición para ayudar, comparte con otros, se fiel y leal a los demás…” pero, ¿y hacia nosotros mismos? Nos educan para facilitar la vida a los demás y sin embargo pocas personas son las que nos enseñan a amar a quien lo merece, a ayudar únicamente en la medida de nuestras posibilidades y a ser leal y fiel pero NO por encima de todo. ¿Egoísta? No, no te confundas. Simplemente se trata de amor propio y actuar con sentido, porque amar no significa “soportar”; Porque intentar sacar a flote a alguien cuando hacerlo supone ahogarnos, es un sin sentido y sí, ser siempre leal y fiel pero sobretodo, ser leal a nuestros principios, valores, ideas y forma de pensar, porque es mejor desagradar de vez en cuando a los demás que desagradarnos a nosotros mismos.

Pero ¿Qué implica el amor propio?

1- Conocernos. Generalmente hacemos un esfuerzo terrible en conocer a quien nos rodea y no lo hacemos con nosotros mismos. Lo cierto es que nunca podremos cambiar y mejorar lo que no conocemos en profundidad. Tenemos que descubrir cuáles son nuestras fortalezas para potenciaras y nuestras debilidades para trabajarlas y mejorarlas. Para aceptar lo que no podemos cambiar y centrarnos únicamente en lo que si.

2- Respeto: Debemos ser conscientes de que merecemos lo mejor y así, no nos conformaremos con menos, ahorrándonos dolor y sufrimiento. Lo que proyectamos hacia el exterior es un reflejo de cómo nos vemos desde dentro. No podemos pretender, y mucho menos exigir, que nos den lo que ni nosotros mismos somos capaces de darnos. Debemos respetarnos.

3- Valentía, tanto para luchar por lo que deseamos, como para renunciar a todo lo que nos causa dolor.

4- Honestidad y lealtad a nuestros principios. Reflexiona sobre lo siguiente: ¿Estás siendo fiel a tu forma de pensar o muchas veces te disfrazas para agradar a los demás? ¿Vives en función de tus expectativas o de las expectativas que otros tienen de ti? ¿Cuándo te piden un favor, dices si queriendo decir no, o eres capaz de ayudar en la medida de tus posibilidades sin maltratarte a ti mismo? Muchas veces, por miedo al rechazo o abandono, llegamos a perder nuestra identidad comportándonos de distinta manera a cómo queremos.

5- Buen trato. ¿Has identificado el lenguaje que utilizas para dirigirte a ti mismo? Seguro que utilizas expresiones y adjetivos que serías incapaz de utilizar con los demás. Solemos confundir el verbo “ser” con el verbo “hacer”, y que te quede claro que hacer una estupidez no nos convierte en estúpidos. El cerebro se cree todo lo que le dices de manera repetida, por lo que si estás continuamente repitiéndote que eres un estúpido, al final creerás que realmente lo eres y como consecuencia, actuarás como tal. Deja de infravalorarte.

6- Perdónate: Si conoces a alguien que nunca ha cometido un error, debes saber que conoces a un extraterrestre. No existe vacuna para no cometer errores. Aprender de éstos nos ayudan a crecer como persona y a nivel profesional. Deja de ser tan cruel contigo mismo y perdónate. Si cuando cometiste ese error hubieras sabido lo que sabes ahora, seguramente lo hubieras hecho de diferente manera.

Tamara de la Rosa

Twitter o Instagram: @tamarareinventa






Publicado: 20 de Enero de 2017 a las 09:46